Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 13. Un Poco de Sentido

7 de febrero del 2018

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 13. Un Poco de Sentido


Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 13.
Un Poco de Sentido

Samara no había dormido mucho esa noche, aunque se podría decir que era por buenas razones; más por emoción que por una de sus pesadillas habituales, que de hecho se habían mantenido ausentes desde hace ya unos días. Dicha emoción se debía a que deseaba ya ver a Matilda, no sólo para contarle lo que no pudo el día anterior, sino también para saber qué le había dicho su madre y si acaso creía que había oportunidad de verla pronto.

Pero también le entusiasmaba el sólo hecho de ver a Matilda en sí. Llevaba realmente poco tiempo de conocerla, pero en ese corto lapso se había acostumbrado a su presencia. Le era agradable, y se sentía cómoda y segura a su lado. Le gustaba cómo hablaba, como se comportaba, e incluso como olía. ¿Era raro que el olor de una persona fuera algo importante para ella al momento de juzgarla? Quizás, pero Matilda olía parecido a su madre, o al menos a cómo olía su madre hace ya algún tiempo, antes de que sencillamente comenzara a verla con ojos de odio y nada más; por eso le traía una cierta sensación nostálgica cada vez que la veía. No estaba segura si era por ella que sus pesadillas se habían calmado un poco, pero le gustaba creer que algo tenía que ver con eso.

Y saber que ella también tenía poderes, o habilidades especiales como ella decía, la hacía sentirse más cercana y en confianza con ella, como si pudiera contarle lo que fuera y no la juzgaría; y lo más importante, que le guardaría cualquier secreto. Era por ello que deseaba decirle a ella, y nadie más que a ella, el secreto que se guardaba acerca de sus pesadillas… y sobre lo horrible que siempre aparecía en ellas. Sabía que si se lo contaba, ella encontraría la forma de ayudarla, a librarse de… eso, y así volver a su vida normal. Tenía completa confianza puesta en ella, aunque a veces se preguntaba si acaso dicha confianza no terminaría por decepcionarla de nuevo.

En aquel momento se encontraba sentada sobre su camilla, encerrada en aquel pequeño cuarto de paredes blancas, pero que se había hecho un poco más grande desde que Matilda le dio aquel pequeño rompecabezas que había llevado consigo la noche en que se conocieron. No la dejaban tener a su muñeca Nancy consigo, pero ese pequeño rompecabezas no se lo habían quitado; no aún, al menos.

Se había divertido varias veces desarmando el cubo en sus ocho piezas de diferentes formas y colores, y volviendo a armarlo de nuevo hasta que se memorizó por completo la posición y orden de cada una. Esa mañana volvió a desarmarlo para volverlo a armar una vez más, y se percató de que ya no era tan divertido como en un inicio. Pero eso no le pareció tan raro; resolver varias veces el mismo rompecabezas, para nadie sería divertido. Una vez que lo completó, lo sostuvo sobre sus palmas, y lo contempló con detenimiento.

Recordó la manera tan hermosa en la que Matilda lo había hecho flotar delante de ella, lo había desprendido en sus piezas y vuelto a armar, todo por arte de magia… claro, no era magia, eso se lo había dejado claro en sus sesiones; sin embargo, lo parecía. Ese era un poder, o más bien una habilidad especial, que le hubiera gustado tener. Con una habilidad como esa de seguro se podrían hacer cosas hermosas y buenas, y no plasmar pesadillas y horrores en papel o en la cabeza de las personas. Podría incluso ser una heroína como en las caricaturas, o al menos ayudar a otros como Matilda lo hacía. Si tan sólo pudiera hacer algo como eso…

Y entonces lo pensó: ¿y si sí podía? Quizás podía hacer otras cosas diferentes a las que siempre hacía. Matilda le había dicho que podía plasmar sus pensamientos en los objetos; ¿no podría acaso plasmarlos en ese cubo? ¿O no era así cómo funcionaba? Quizás no, pero si sólo se la pasaba haciendo dibujos en el papel, no podría descubrir hasta dónde era capaz de llegar, o qué más podría hacer.

Se decidió a intentarlo, pero recordó la cámara de seguridad en la esquina que siempre la vigilaba. Si podía hacer algo más que desconocía, lo que menos deseaba era que esos sujetos que la espiaban lo supieran. Se giró sobre la cama de tal forma que le diera la espalda a la cámara, y sujetó el cubo entre sus manos.

¿Cómo lo haría con exactitud? La idea de plasmar una imagen en el papel tenía bastante sentido, incluso a nivel conceptual; ¿cómo aplicaba eso en hacer levitar un cubo de madera? Se esforzó mucho, miró el cubo fijamente, imaginando que flotaba aunque sea un poco de sus palmas, pero no ocurrió nada.

Suspiró con agotamiento. Intentó repasar un poco de lo que sí sabía de su propia habilidad. ¿Normalmente cómo funcionaba? Visualizaba algo en su mente, se concentraba, y la imagen se plasmaba en el papel, en las radiografías, o en la mente de las personas. ¿Y si intentaba visualizar la imagen del cubo flotando? Pero eso era lo que acababa de hacer, ¿o no? Quizás debía de hacerlo con más claridad y con más fuerza.

Cerró sus ojos y respiró lentamente. En su mente, intentó visualizar a detalle el cubo de colores, posado sobre sus palmas, con sus ocho piezas encajadas entre sí, esas ocho piezas que ella ya conocía a la perfección tras haber armado y desarmado el rompecabezas tantas veces. Abrió de nuevo sus ojos, miró el cubo con detenimiento, y lo visualizó… intentó visualizarlo elevándose en el aire…

De pronto, luego de unos momentos en los que nada pasó, el cubo comenzó a moverse ante sus ojos, agitándose en sus palmas como si temblara. Al principio se sorprendió y asustó, pero intentó no perder la concentración. El cubo entonces empezó a elevarse, tambaleándose en el aire de forma errática, pero elevándose aún así. Samara sonrió contenta. Lo estaba haciendo, no podía creerlo pero en verdad lo estaba haciendo. Por ese pequeño instante, el corazón de Samara se iluminó, y por primera vez en mucho tiempo una sonrisa sincera que se extendió de oreja a oreja en su rostro se dibujó… pero ese pequeño instante no duró realmente mucho.

Notó casi de inmediato que algo más ocurría. El cubo flotaba, pero también comenzaba a cambiar. Sus colores se movían por toda la superficie de las piezas, como si fuera agua corriendo de un lado a otro. Luego su forma comenzó a modificarse también, transformándose en algo que poco a poco ya no parecía ser un cubo. Las ocho piezas se separaron en un parpadeo, y tomaron paulatinamente otras formas, ya no tan rectas, no tan estéticas, y no tan coloridas; ya no había forma siquiera de que de encajaran entre sí…

Samara se puso nerviosa y asustada por esto. No sabía qué estaba haciendo con exactitud, pero estaba destruyendo el preciado regalo que Matilda le había hecho. Intentó devolverlo a la normalidad, visualizarlo como era antes, pero no funcionaba. Las piezas seguían cambiando y cambiando, hasta que ya no tenían nada ni remotamente parecido al color o forma original. Parecían remedos deformes y asquerosos, como si se hubiera derretido en el microondas; eran pedazos de basura, de las que incluso parecía surgir rastros rojizos de sangre y pus.

Apretó con fuerza sus ojos, sollozando un poco. Una pequeña lágrima surgió de su ojo derecho. ¿Por qué estaba pasando eso? ¿Por qué tenía que arruinar todo lo que era querido para ella? ¿Por qué tenía esos malditos poderes que no hacían más que causarle desgracias…?

No, no podía dejarse dominar por su frustración o por su miedo. Sabía muy bien que cada vez que lo permitía… eso aparecía. De hecho, ya lo podía escuchar: el sonido de sus uñas arañando el suelo, mientras se arrastraba a sus espaldas. Sentía además el aire húmedo y pegajoso pegándose contra su piel, y la sensación fría recorriéndole la espalda; estaba ahí, otra vez…

Matilda le había dicho que ella controlaba sus habilidades, no al revés. Ella tenía el control, tenía que hacer que las cosas ocurrieran justo como ella quería, cuando lo quería. Si ella quería que el cubo volviera a la normalidad, podía hacerlo. Se concentró, enfocándose únicamente en esa imagen, en cada una de sus piezas, en ese cubo que tanto conoció, que tanto tocó con sus dedos y apreció con sus ojos. No podía dejar que la sensación de ese ser subiéndose a su cama, y posándose justo detrás de ella la distrajera. Tenía que volver todo a la normalidad…



Abrió sus ojos de golpe, y la presencia sentada detrás de ella se esfumó. Logró ver como las ocho piezas caían al mismo tiempo en sus palmas, aunque algunas se resbalaron hacia las sabanas blancas. Sin embargo, al mirarlas con detenimiento, pudo notar que eran de nuevo las piezas originales, con sus colores y formas reales.

Samara soltó una risa nerviosa, pero también feliz. Otra lágrima le recorrió el rostro, pero se la limpió rápidamente con el dorso de la mano. ¿Había sido otra alucinación? Si lo fue, no había sido del todo, pues sí habían flotado; de otra forma no hubieran caído. ¿Pero…?

Tomó entonces una de las piezas, y notó algo que le llamó la atención. Una de ellas, en efecto, tenía rastros de lo que había visto antes. Una de sus puntas había cambiado; se veía como si la hubieran quemado un poco, y estaba más oscura… ¿Había sido entonces real?

Escuchó en ese momento pasos y voces acercándose por el pasillo hacia su puerta. Algo alarmada, rápidamente tomó las ocho piezas de madera y las ocultó debajo de su cama. De nuevo sintió que era algo que ellos no debían de ver. Se lo mostraría sólo a Matilda, y le hablaría de lo ocurrido; ella quizás podría decirle qué fue y ayudarla con eso.

La puerta soltó un pitido y luego un sonido mecánico que indicaba que los seguros se habían quitado. Se abrió un instante después, y el Dr. John Scott entró con mucha seguridad al cuarto, seguido por detrás por el Dr. Johnson y dos enfermeros de tamaño considerable. Scott tenía sus manos en el interior de los bolsillos de su bata blanca, y miraba fijamente a Samara con una amplia sonrisa, que a ella le pareció bastante falsa.

—Buenos días, Samara —saludó Scott con reservado entusiasmo, pero Samara no le respondió. Sólo lo miraba desde su cama, con una amenazante frialdad—. Me dijeron que otra vez anoche no pudiste dormir mucho. ¿Algún motivo en especial? ¿Otra pesadilla?

La niña siguió sin responderle. Esa forma en la que lo miraba, como si viera algo que le causara repulsión absoluta… siempre le había molestado al buen Doctor Scott, y mucho.

—¿Ya llegó Matilda? —Pronunció de pronto Samara, ignorando por completo los cuestionamientos anteriores.

Scott arrugó un poco el entrecejo detrás del grueso armazón de sus anteojos. Aspiró con fuerza por su nariz, y luego se la talló un poco con los dedos pulgar e índice de su mano derecha.

—Me temo que la Dra. Honey no vendrá el día de hoy —le respondió Scott, con cierta ironía en su voz—. Tu sesión será conmigo, como en los viejos tiempos.

La frialdad se esfumó de golpe de los ojos de la niña, llenándose entonces de absoluto asombro.

—¿Por qué? —Exclamó con fuerza, parándose de la cama de un salto—. ¿Dónde está Matilda?

—Tuvo una… importante emergencia personal que tuvo que atender.

—Miente —espetó Samara, acusadora—. Ella me prometió que hablaríamos hoy.

—Bueno, quizás cumplir promesas no es su prioridad —comentó Scott, encogiéndose de hombros—. Así que, si eres tan amable…

Scott se hizo a un lado para abrirle el paso a la puerta. Sin embargo, en lugar de dirigirse hacia esa dirección, el primer reflejo de Samara fue de hecho retroceder varios pasos.

—¡No! —Le gritó, incapaz de ocultar su enojo—. No quiero hablar con usted. Lo odio, es una persona horrible. Me ha tenido encerrada, y me trata como si fuera un monstruo. ¡Quiero hablar con Matilda!

Scott compartió una mirada cansada con su compañero Johnson y con los dos enfermeros. Suspiró con pesadez, se acomodó sus anteojos deslizándolos por su nariz, y se volvió a girar hacia Samara, intentando permanecer lo más tranquilo posible, pero en realidad no fue capaz de hacerlo mucho; aún tenía algo de enojo acumulado desde su llamada con la Dra. Honey, que pedía ser desquitado de alguna forma…

—Eso no va a pasar, ¿bien? —Sentenció con firmeza—. No siempre se va a hacer lo que tú quieras. Y sé que te has divertido mucho jugando con la señorita Honey, pero yo soy tu doctor, yo soy quien te está tratando, y soy el único que se preocupa realmente por tu bienestar.

—¡No es verdad! —Volvió a gritar con fuerza, y las luces de la habitación y del pasillo tintinearon ligeramente. Esto puso en alerta a Johnson y a los enfermeros, pero Scott parecía tan influenciado por su frustración que no fue consciente de esto—. Sólo quieres usarme, sólo quieres saber cómo hago lo que hago. ¡Jamás me dejarás salir de aquí! ¡Quiero a Matilda! ¡Quiero hablar con Matilda!

Las luces volvieron a templar por segunda vez. Los enfermeros dieron un paso hacia atrás, y Johnson intentó acercarse a Scott e indicarle que no se extralimitara. Sin embargo, el buen Doctor se aproximó de golpe hacia Samara, encarándola. La niña, por mero reflejo, retrocedió un poco, aparentemente intimidada por la enorme figura de aquel hombre alto y de complexión gruesa. Toda la paciencia que podía tenerle a esa niña, se había ya agotado. No se detuvo a pensar unos segundos en qué estaba haciendo,  si esa era la actitud correcta de un psiquiatra debía de tomar hacia su paciente, o incluso cualquier hombre adulto con una niña de doce años. Fue como estar dominado por una rabia latente, que subía desde su estómago y le quemaba la garganta…

—¡Ya te dije que eso no va a pasar, mocosa del demonio! —Le gritó de pronto, tomándola son fuerza de su brazo derecho—. ¡Yo soy tu doctor! ¡Y harás lo que yo te diga!

Samara gimió un poco con dolor al sentir como la tomaba de esa forma. Agachó su rostro un poco, y sus largos cabellos negros cayeron sobre éste, ocultando por completo su mirada. Se quedó de esa forma por varios segundos, inmóvil, callada. Pero antes de que Scott pudiera hacer siquiera el ademán de querer jalarla o decirle algo más, Samara levantó de nuevo su cabeza rápidamente, y aunque aún tenía parte de su cabello sobre la cara, clavó sus ojos oscuros una vez más en él. Pero estos, ya no tenían frialdad o sorpresa, ni siquiera algo que se pudiera definir únicamente como enojo. No, la manera tan penetrante en la que lo miraba, estaba repleta de agresividad, de odio, de peligro… de maldad.

Scott se paralizó al sentir esos ojos totalmente negros y profundos como un abismo; los suyos propios se encontraban desorbitados. Pequeños jadeos surgieron de su garganta, similares a los provocados por un leve dolor punzante. Samara lo seguía mirando, y Scott parecía totalmente perdido e ido en dicha mirada.

Johnson miró esto notoriamente alarmado.

—¿John? —Exclamó el doctor joven detrás de él, pero Scott no respondía, ni daba señal alguna de consciencia—. ¡John! ¡Samara!, ¡detente!

No hubo respuesta, ni de parte de Scott ni de parte de Samara. Era como si ambos estuvieran sumidos en su propia realidad, apartados de todo lo que los rodeaba; ese cuarto, ese hospital, o esas personas. Johnson no sabía con exactitud lo que pasaba, pero era provocado por ella, de eso estaba seguro. Y si lo que estaba haciendo era aunque fuera un poco parecido a lo que le hizo a su madre…

—¡Sujétenla! —Le ordenó con ímpetu a los enfermeros, quienes dudaron al principio, pero luego se dirigieron justo hacia ella, y la tomaron cada uno de un brazo.

Sólo hasta que los dos hombres grandes y de brazos fornidos la tomaron y la apartaron de Scott de un fuerte jalón, éste último logró al fin reaccionar, dando una fuerte inhalación de aire, y luego retrocedió, muerto del miedo hasta pegar su espalda contra la pared.

—¡No! —Gritó Samara, totalmente enloquecida, mientras los dos hombres la sometían y la ponían contra la camilla—. ¡Suéltenme! ¡¡Suéltenme!!

Las luces parpadearon, con más fuerza que antes. Uno de los enfermeros gimió con dolor y se tuvo que apartar de golpe. Se agarraba su mano derecha con fuerza, ya que de su palma escurría un rastro de sangre que emanaba de una herida abierta, limpia y profunda, y manchó rápidamente todo su brazo. ¿Cómo se había hecho eso?



Mientras el otro enfermero la sujetaba, Johnson se apresuró a preparar una jeringa con un sedante de rápida acción, que venía entre los medicamentos que los enfermeros habían traído con ellos. Una vez que la tuvo lista, se le aproximó a Samara para aplicársela en al brazo, y ella pareció horrorizada al ver la jeringa con el líquido trasparente.

—¡No!, ¡no quiero dormir! —soltó con fuerza, casi llorando—. ¡No quiero dormir! ¡No!

Johnson sintió un dolor punzante en su mejilla derecha. Se llevó los dedos a ese sitio y los sintió húmedos. Al echarles un vistazo, los encontró cubiertos de sangre. Un corte horizontal se había dibujado en su joven rostro, desde la punta de la nariz hasta cerca de su oído.

“¿Qué rayos?”, pensó asustado, pero no dejo que la situación lo inmovilizara.

—¡Sujétenla! ¡Ya!

El otro enfermero, aun con su mano sangrando, tomó a Samara como le fue posible, sujetando su brazo y extendiéndolo para que Johnson pudiera inyectarla.

—¡No!, ¡no! —Gritó una y otra vez, cada segundo mientras el líquido de la inyección penetraba por su vena, y poco a poco impregnaba su cuerpo entero.

Tomó unos segundos, pero los ojos de la niña se fueron cerrando, su voz se fue apagando, y al final quedó plácidamente dormida en su cama. Las luces se normalizaron, y todo quedó en silencio.

Johnson se apartó de ella, respirando agitadamente. Su rostro aún sangraba, pero quizás por la adrenalina fluyendo aún no sentía ningún dolor. Por el rabillo del ojo pudo ver a Scott saliendo a paso apresurado del cuarto y volviendo al pasillo. Johnson sacó un pañuelo del bolsillo de su pantalón y lo presionó contra su cara con fuerza para detener el sangrado.

—Recuéstenla y amárrenla —les ordenó a los enfermeros, justos antes de salir detrás de Scott.

El buen Doctor se encontraba recargado contra la pared, mirando fijamente al suelo, mientras respiraba lentamente.

—John, ¿te encuentras bien? —Le cuestionó Johnson a sus espaldas. Scott alzó su mirada lentamente, y miró sobre su hombro, pero no a él, ni a ningún sitio en especial; parecía sólo ver a la nada—. Oye, ¿me escuchas? ¿John?

Siguió mirando perdido por un rato más, sin siquiera pestañear, hasta que al fin logró reaccionar, aunque fuera un poco.

—Sí, claro que sí —murmuró en voz baja e inexpresiva—. ¿Qué pasó?

—¿Qué pasó?, ¿no lo recuerdas? Samara… no sé qué te hizo. La pusimos a dormir por seguridad.

—Bien hecho… sí… bien hecho —volvió a murmurar de la misma forma, ausente, como si su mente estuviera flotando en algún otro lado.

—Oye, ¿cómo te sientes? Deja que los médicos te revisen.

—No, no. Estoy bien… —Apoyado en la pared con una mano, comenzó a avanzar por el pasillo a paso pausado.

—John, espera. Pero…

—Tengo trabajo que hacer —declaró Scott tajantemente, avanzando sin hacer caso a las palabras de su colega.

Los enfermeros hicieron lo que Johnson les ordenó, amarrando a Samara a la camilla de muñecas y tobillos con las correas de seguridad. Ella no movió ni un sólo dedo mientras la colocaban. El sedante la tenía totalmente dormida… por ahora.

— — — —

Vázquez era amigo de la jefa de enfermeras en el área de Urgencias del Hospital, lo que le resultaba bastante útil cuando necesitaba saber de manera rápida el estatus de algún paciente, o solicitar algún favor especial. Esa mañana tuvo que hacer lo segundo, para solicitarle que le permitiera usar alguna de las salas de descanso de las enfermeras por algunos minutos, para así poder entrevistar en privado a los dos extraños que acababan de llegar. La sala en cuestión era un cuarto cuadrado de paredes color beige, con una mesa circular en el centro con cinco sillas a su alrededor, una maquina expendedores de golosinas, otra más de sodas, un garrafón de agua sobre un expendedor para servirse, un horno de microondas, y una pantalla plana de tamaño mediano postrada en la pared, que en esos momentos se encontraba apagada; no mucho más que eso.

Matilda y Cody tomaron asiento de un lado de la mesa, mientras Nancy y Wayne se sentaron del otro. Vázquez, por su lado, prefirió permanecer de pie detrás de sus dos conocidos, cruzado de brazos y con mirada aprensiva puesta en los dos extraños.

—Conocí a Doug en Yale —comenzó a explicarse la mujer joven de cabellos castaños. Su forma de hablar era bastante suave y segura—. Él y yo fuimos compañeros durante los estudios del doctorado.

—Eso fue hace como cinco o seis años —señaló Nancy, confundida—. ¿Qué edad tienes exactamente?

—La suficiente —respondió Matilda, algo cortante—. Hace unos días… antes de lo ocurrido, Doug se contactó con el Dr. Tadeo Armstrong, un reconocido psiquiatra que fue nuestro profesor en Yale —sacó entonces de su bolso un pedazo de papel, que tenía escrito el nombre que acababa de mencionar, un correo electrónico y un número de teléfono—. Estos son sus datos de contacto; pueden verificar con él todo lo que les diga.

Wayne tomó el pedazo de papel, le echó un vistazo, y luego se lo extendió hacia atrás al policía a sus espaldas, quien lo tomó y guardó en su saco; definitivamente lo investigaría.

—Doug buscaba su asesoramiento acerca del caso de Lily Sullivan; la niña a la que sus padres quisieron quemar en su horno, ¿correcto? —Nadie le respondió, pero tampoco necesitaba que lo hicieran—. Luego de plantearle la situación, el Dr. Armstrong le aconsejó hablar conmigo, y por eso me llamó; el mismo día en que murió, por lo que ahora tengo entendido.

—¿Qué tipo de asesoramiento buscaba exactamente? —le cuestionó Wayne.

—No me dijo mucho durante nuestra llamada, salvo que había notado algo inusual en una entrevista con ella que lo hizo sospechar que quizás podría ser un caso de Trastorno de Personalidad Antisocial.

—¿En otras palabras, que era algún tipo de psicópata? —Añadió Vázquez, con un tono algo astuto que a Matilda no le agradó del todo.

—Algún tipo de psicópata, sí. Pero no estaba seguro de ello. De lo que sí estaba seguro, era que había percibido algo diferente en ella; algo peligroso.

—¿Doug le dijo eso exactamente? —Soltó Nancy, evidentemente escéptica.

—Me lo dio a entender de forma clara. Yo estoy actualmente atendiendo un caso en Eola, cerca de Salem. Me pidió si podía venir acá a Portland y darle mi punto de vista sobre la niña, pero me fue imposible apartarme de mi otro caso. Le pedí que me mandara la información que pudiera, pero nunca lo hizo. Ahora sé por qué…

—Se expresa de forma bastante neutral de la muerte de su “colega”, Doctora —comentó Vázquez, acusador. Matilda lo miró, ligeramente irritada por su comentario, aunque debía de aceptar que quizás sí se estaba portando de una forma inadecuada. A veces le era complicado saber cómo actuar en situaciones como esa en presencia de adultos; con los niños siempre le era mucho más sencillo.

—¿Qué es lo que busca aquí exactamente? —Inquirió Nancy, impaciente.

Matilda recuperó la compostura, y cruzó sus manos sobre la mesa.

—Deseamos ver a la niña. Entrevistarla, y saber si lo que Doug me dijo podría ser cierto.

Nancy bufó, aunque quizás no lo había hecho conscientemente.

—Con todo respeto —comenzó a decirle la trabajadora social—, pero si acaso lo que dice es cierto, el Estado tiene psicólogos bastante capacitados que podrán encargarse de…

—¿Doug le dijo algo más? —Interrumpió Wayne de golpe, cortando las palabras de Nancy. Wayne miraba con seriedad a la doctora, y muy atentamente—. ¿Doug le dijo que sospechaba algo en específico de esta niña? ¿Qué quizás había hecho algo… malo?

—Wayne, por favor… —Exclamó Nancy despacio, casi entre dientes.

—¿Qué más pruebas necesitas, Nancy? —Le respondió Wayne, virándose hacia ella despectivamente. Matilda y Cody notaron entonces algo de tensión latente entre ambos—. Doug lo vio, hay algo mal con ella.

—Aunque sea así, no significa que haya causado todo esto de alguna forma.

—De hecho —escucharon como Matilda intervenía de pronto, al tiempo que sacaba de su maletín un expediente; el mismo expediente que le había mostrado a Cody en la cafetería—, me temo que podría haber causado más de lo que creen.

Los tres parecieron intrigados por sus palabras. Matilda colocó el expediente sobre la mesa y se los extendió para que lo tomaran.

—Hicimos nuestra propia investigación, y la desgracia ha acompañado a esta niña desde el momento de su nacimiento. Familiares y amigos de los Sullivan han muerto en extrañas circunstancias. Atropellos, suicidios, “accidentes”



Wayne tomó el expediente y lo abrió. En su interior, venían varios reportes de periódicos, e incluso reportes policíacos, que hablaban de la muerte de los hermanos y hermanas de los señores Sullivan, y otros conocidos que al parecer se encontraban de alguna u otra forma relacionados con ellos. Tal y como Matilda había dicho, todos parecían hechos aislados: accidentes de autos u hogareños, incendios, suicidios bajo sospechosas circunstancias, y algunos, incluso, simplemente muertes sin causa ni explicación.

—¿De dónde sacó todo esto? —Cuestionó Vázquez, algo molesto, aunque también sorprendido.

—Tenemos nuestras fuentes —exclamaron Matilda y Cody al mismo tiempo, palabra por palabra. Se miraron el uno al otro, apenándose un poco.

Wayne siguió revisando un poco más los recortes, pero luego Vázquez le pidió que se los pasara para poder revisarlos él mismo. Todo parecía verdadero, hasta dónde podía notarlo.

—Ahora a esa lista le sigue Doug, su padre, y hasta la señorita Jenkins —añadió Matilda.

—Emily no está muerta —corrigió Wayne, casi ofendido por el comentario.

—Lo siento. El caso es que todos estos incidentes no son coincidencia. Y el único común denominador, es esta niña.

—Por favor… —Exclamó Nancy, ya algo cansada y frustrada de tantas acusaciones—. Ya no sigan con esto, es absurdo.

—Bien, escuchen —intervino Vázquez, cerrando el expediente y dejándolo de nuevo en la mesa—. No voy a negar que todo esto sea bastante sospechoso o digno de más investigación. —Nancy lo volteó a ver con molestia, pero él le extendió una mano, en ademán de que aguardara—. ¿Pero cómo exactamente una niña de diez años pudo matar a todas estas personas sin que nadie lo notara? Y de estas formas tan elaboradas, y haciéndolas pasar por meros accidentes.

—Sí —añadió Nancy, animada al tener algo de apoyo—, además Doug murió en su baño, estando bajo llave, tanto la puerta principal como el baño. Y Mike estaba en el estacionamiento de la jefatura. En ambos casos Lilly estuvo con Emily en su casa, a kilómetros de distancia de las escenas. ¿Cómo podría haber hecho eso? Y dudo mucho que haya podido obligar a Emily a lanzarse al río, por más… psicópata o manipuladora que sea.

Matilda y Cody guardaron silencio y se miraron el uno al otro de forma discreta. Parecían estar decidiendo en silencio de qué forma responder a tal cuestionamiento.

—Hay algo que no nos están diciendo, ¿cierto? —Mencionó Wayne de golpe—. Dijeron que eran colegas, ¿colegas de qué exactamente? ¿Quiénes son realmente?

De nuevo ambos se miraron unos segundos, y después Cody se inclinó un poco hacia el frente, tomando la palabra tras haber permanecido callado todo ese tiempo.

—Escuchen… se los diremos, pero tienen que tener la mente muy abierta.

—Mi mente está totalmente abierta en estos momentos —ironizó Vázquez desde su posición, cruzándose de nuevo de brazos.

Eso no sería agradable; rara vez lo era. Pero tenían que hacerlo si querían llegar a algún lado.

—Representamos a la Fundación Eleven —informó el profesor directamente sin muchos rodeos—, una organización encargada de ayudar a niños con habilidades especiales.

Hubo un pequeño silencio, en el que Cody supuso que cada uno por separado intentaba procesar lo que acababan de oír.

—¿Qué quiere decir con “habilidades especiales”? —Cuestionó Nancy, con reservas.

Cody suspiró ligeramente, y se reacomodó sus anteojos.

—Creemos que Lily puede tener fuertes habilidades psíquicas.

Hubo de nuevo silencio, pero la reacción en los rostros de las tres personas ante ellos fue bastante clara.

—¿Qué? —exclamó Wayne, dudoso de haber escuchado bien.

—Telepáticas, para ser precisos. Del tipo ilusionista, como me gusta a mí llamarle. Es decir, que posee la habilidad de engañar a los cerebros de las personas, haciendo que vean y sientan cosas que en realidad no están ahí. Hemos visto otros casos similares antes, pero al parecer Lily podría ser tan poderosa que puede afectar a las personas a una larga distancia. De esa forma puede dañarlas, sin necesidad de estar presente, y obligarlas a que hagan cosas que las orille a la muerte…

—¿Acaso es una broma? —Interrumpió Nancy con fuerza, casi ofendida.

Cody había sido bastante directo con su explicación, pero Matilda no podía criticarlo; realmente no había formas de explicar esto sin ser directos, y aunque la hubiera la reacción no sería muy diferente.

—¿Le parece que estamos bromeando? —Intervino Matilda con gravedad en su voz.

—Pues o están bromeando, o son un par de locos —respondió Vázquez, bastante agresivo.

—¿Locos?, los fenómenos psíquicos son bastante reales —declaró Cody con poderío—. ¿Acaso ya olvidaron tan pronto el caso de Chamberlain, Maine de hace tres años?

Matilda se sobresaltó ligeramente ante tan inesperada mención, poniendose nerviosa. Volteó a ver de reojo a Cody, pero éste pareció no notarlo pues su atención seguía al frente. ¿Por qué mencionaba de esa forma tan repentina Chamberlain? ¿Sería sólo una coincidencia? ¿O acaso él sabía que…?

—¿La historia sobre que una jovencita quemó todo su pueblo con el poder de su mente? —Masculló Nancy, dudosa.

—No es una historia; ha sido el caso de fenómenos psíquicos mejor documentado de este siglo —añadió Cody con la misma determinación que antes, pero eso no parecía tener el efecto deseado en su audiencia.

—Puras patrañas —exclamó Vázquez con burla—, teorías conspirativas de Bloggeros y Youtubers.

—¿Patrañas? —Soltó Matilda, lanzándole una mirada furtiva al policía—. Más de seiscientas personas murieron esa noche, oficial. ¿Eso le parece patrañas?

Vázquez soltó una pequeña risilla. Dio un respiró con fuerza, intentando que el aire pasara a través de su nariz congestionada.

—No voy a presumir de saber qué pasó exactamente en ese sitio. Pero de lo que estoy seguro es de que no fue una bruja psíquica que se volvió loca y los mató a todos.

—¿Bruja psíquica? —Espetó la psiquiatra, claramente ofendida, e hizo el ademán de querer pararse. Sin embargo, Cody se apresuró a tomarla de la mano para detenerla. La miró en silencio, y negó con su cabeza para indicarle que no lo hiciera. Matilda respiró hondo y se volvió a sentar derecha en su silla.

El revelar directamente la existencia de personas con el Resplandor, era un tema bastante debatido entre los miembros de la Fundación. Había quienes preferían dejar todo lo más privado posible, y otros que afirmaban que no había nada por lo cual avergonzarse. Los incidentes, buenos y malos, derivados del uso de habilidades psíquicas, habían sido bastante abundantes, en especial desde décadas atrás. Pero había sido sólo hasta el incremento del internet, el flujo rápido de la información, y la disposición inmediata de cámaras de video e imágenes al alcance de la mano de cada persona, que esas noticias comenzaron a ser más y más abundantes y conocidas entre las personas. El caso de Chamberlain era quizás el más grande y conocido de los últimos años, sobre todo por la atención que le brindaron las autoridades para querer descubrir exactamente qué había ocurrido en aquel sitio aquella noche de mayo, y las publicaciones que se hicieron derivadas de esos hechos.

Sin embargo, pese a todo eso, la gente seguía viéndolos como meros chantajes, supersticiones, rumores y trucos para engañar bobos en Internet. Eleven una vez le dijo que el ser humano era crédulo e incrédulo por naturaleza, al mismo tiempo. Cree ciegamente sólo en aquello que desea creer, pero desconfía de todo aquello que desea no creer. Un ferviente creyente en Dios creerá en toda prueba que apoye su creencia, y negará toda aquella que la refute; y aplicaría exactamente lo mismo, aunque a la inversa, para alguien completamente ateo. Lo mismo ocurría con sus habilidades; aquellos que querían creer que había personas que podían mover objetos con la mente, leer las mentes, ver a las personas a kilómetros de distancia o crear imágenes con la mente, lo creerían, aunque fueran puras mentiras. Pero aquellos que querían sentir que tenían conocimiento y control absoluto de su entorno, su primer impulso sería negar por completo cualquier evidencia, a veces incluso si esto ocurriese frente a sus ojos.

Mientras esta discrepancia existiera, lo mejor sería mantener ese tipo de revelaciones lo más reservadas posible, y cuidando cuando era prudente hacerlo y cuando no.

Una vez que Matilda se calmó, Cody volvió a tomar la palabra.

—Escuchen, entiendo que lo que les decimos podría parecerles extraño e incomprensible. Pero les aseguro que no estamos aquí para bromear o para molestar. Queremos ayudar.



—Pues gracias por su ayuda —masculló Vázquez—. Su observación confirma nuestras sospechas de que esta niña debe ser mejor vigilada.

—Oficial Vázquez… —Refunfuñó Nancy, mirándolo sobre su hombro de nuevo, con más molestia que antes, pero él prefirió ignorarla y proseguir.

—Pero de eso a las patrañas de psíquicos, hay un gran tramo. Sea como sea, nosotros nos encargaremos de llegar al fondo de esto.

—Usted no entiende —declaró Cody con firmeza—. Si nuestra sospecha es correcta, podría estar tratando con algo a lo que usted no tiene capacidad de actuar.

—¿Y ustedes sí? —Soltó el policía con una molesta burla en su tono—. ¿Cómo lo harán precisamente? ¿Acaso vienen de parte de los X—Men o algo? —Señaló entonces hacia atrás con su pulgar izquierdo—. ¿Patrick Stewart va a entrar en cualquier momento en su silla de ruedas por esa puerta? Porque eso sí que sería impresionante de ver.

Cody escuchó como Matilda aspiraba por fuerza por la nariz, y al voltearla a ver notó como miraba a Vázquez con los ojos casi inyectados de sangre, y su quijada apretándose con fuerza. Desde que tenía memoria, ese tipo de bromas siempre la alteraban de más, pero esperó que lograra contenerse en esa ocasión.

Como salvados por la campana, alguien abrió de pronto la puerta de la sala, rompiendo el denso aire que se había formado en torno a ellos. Que pasara justo después del tan hiriente comentario del oficial sobre Patrick Stewart, cómicamente hizo dudar a todos por un segundo. Pero no, se trataba en realidad de una enfermera, de cabello negro corto, que se asomó al interior de la sala.

—Detective Vázquez, la niña ya se encuentra estable y despierta —le informó la mujer con un tono bastante sereno—. Ya puede hablar con ella.

—Bien, gracias, Lucy —le respondió Vázquez, justo antes de dar otra aspirada fuerte por su nariz, y un pequeño tosido para aclarar su garganta. Se volvió de nuevo hacia Cody y Matilda, y les clavó una mirada inquisitiva a cada uno—. Wayne, ustedes dos adelántense si quieren. Yo encaminaré a estas buenas personas a la salida.

—Comete un grave error… —Intentó decir Cody, parándose de su silla, pero Wayne se adelantó, parándose también y arrebatándole la palabra primero al tiempo que se abotonaba de nuevo su saco color gris.

—No te preocupes, yo lo haré. Tú tienes que tomarle su declaración a Lily para averiguar qué ocurrió. Yo me ocuparé de ellos, ustedes vayan.

Vázquez asintió, apoyando su sugerencia. Nancy también pareció estar de acuerdo, y cargando de nuevo su bolso, maletín y abrigo, se paró de su silla y se dirigió a la puerta para seguir a la enfermera. Vázquez fue detrás de ella, pero antes de salir se giró una vez más hacia los dos extraños, y los señaló tajantemente con su dedo índice, como un adulto que regaña a un niño y con ese acto intenta ser más autoritario con sus palabras.

—No quiero volverlos a ver por aquí. ¿Oyeron bien?

Ninguno de los dos respondió nada, y él tampoco esperó que a lo hicieran. Salió de la sala de descanso, y siguió a Nancy y a la enfermera Lucy por el pasillo.

Cuando se quedaron los tres solos en la sala, Wayne tenía su mirada abajo, incapaz de mirar a alguno de los dos directamente. Se alejó lentamente de la mesa, y se dirigió a la máquina expendedora hasta pararse delante de ella. Pero no miraba la máquina, o los productos en su interior, ni siquiera su reflejo apenas apreciable en el vidrio frontal que separaba a las personas de las botanas; no miraba nada en especial, nada en ese cuarto. Llevó una mano a su cintura, y la otra a su frente, tallándola fuertemente con sus dedos.

—Usted nos cree —comentó Cody luego de un rato, obligándolo a voltearse hacia ellos. Ambos seguían en la mesa y lo miraban con duda—. O al menos, no está seguro de que mintamos, ¿no es así?

Wayne no respondió de inmediato. Caminó hacia un lado del cuarto y luego al otro. Su andar era indeciso, al igual que la forma en la que miraba al techo y al piso consecutivamente, y se pasaba su mano por su rostro de manera nerviosa.

—Yo… ya no sé qué creer —balbuceó al fin, sin atreverse a verlos todavía—. Lo que dijeron suena a una verdadera locura. —Guardó silencio unos instantes, perdiendo su atención en el agua contenida dentro del garrafón; una sonora burbuja de aire se elevó desde la base, hasta la superficie—. Pero aun así, pareciera ser lo único en todo esto que tiene un poco de sentido… si es que así se le puede decir a esto.

Él mismo lo había dicho, todo había comenzado cuando Lily apareció. Luego de lo sucedido con Diego y la muerte de Doug, Emily comenzó a comportase rara con ese tema, pero él no le dio importancia. Y ahora lo de Mike, y la propia Emily, y todas esas muertes de ese expediente ocurridas alrededor de ella, ahora incluido su propio padre… ¿cómo podría ignorar algo como eso?, hasta el propio Vázquez dentro de su escepticismo era incapaz de ignorar todo eso como meras coincidencias. Pero, ¿poderes psíquicos? ¿Realmente tendría que rebajarse a creer en teorías como esa?

A la memoria de Wayne vinieron aquellas historias que su abuela le contaba, sobre cuando ella era niña y conoció a una mujer mayor en Clearwater que vivía en su misma calle; sobre cómo le ofrecía una galleta cada vez que había tenido un mal día en la escuela, sin necesidad de que ella se lo dijera, como si lo supiera con anterioridad. Cómo conocía el nombre de sus amigas, sus maestras, y los niños que la molestaban sin que ella le contara al respecto. Cómo cada vez que ella o alguno de sus padres perdía un objeto importante, caminaba hacia su puerta, le tocaba y al abrir ella le decía exactamente en dónde se encontraba, sin preguntarle siquiera.

“Yo le decía que era magia”, le había comentado una vez. “Pero siempre me decía que la magia no existía. Que ella sencillamente ponía más atención a las cosas que la mayoría de las personas prefería ignorar. Aquellas cosas que resplandecen, pero que no todos pueden o quieren ver. Le dije que me enseñara, pero se rio y me dijo que no era algo que se aprendiera. Que algún día todos resplandecerían igual o más que ella, pero no pronto”.

Para Wayne, todas esas historias siempre fueron eso: sólo historias. Recuerdos de una mujer ya mayor, que con el pasar de los años se fueron cambiando y adornando, como aquel que cada vez que cuenta una pelea que tuvo va aumentando el número de contrincantes; o cuentos para mantener a los niños interesados y creyentes de un mundo más allá de lo que los ojos ven. De niño quizás le habían fascinado, pero ya de grande rara vez pensaba en eso. Pero en ese mismo momento, de pie en esa sala, mirando fijamente ese garrafón de agua, sólo podía preguntarse a sí mismo: “¿y si acaso…?”

Matilda se paró de su silla y se le aproximó cautelosa.

—Escuche, señor Wayne —comenzó a expresarle con delicadeza; Wayne la miraba de reojo, escuchando—. Lo referente a las habilidades telepáticas son de momento sólo teorías. Si nos permite verla, sólo unos momentos, podríamos estar seguros. Si no es lo que creemos, nos iremos, y ya no lo molestaremos más. Pero le debo eso a Doug, al menos.

—¿Y si sí es lo que dicen?

—Entonces le aconsejaremos qué hacer —añadió Cody, parándose también.

Wayne descendió su mirada de nuevo pensativo, y se quedó en esa posición un rato largo.

—Esto es una locura, pero me arriesgaré de todos modos —soltó con resignación—. Lily está en estos momentos en emergencias, pero de seguro la pasarán a cuarto en cualquier momento, y la tendrán vigilada. Vayan a la cafetería, manténganse fuera del ojo de Vázquez y Nancy por un par de horas, y veré la forma de pasarlos para que la vean.

—De acuerdo —asintió Matilda, sonriéndole—. Gracias.

Wayne suspiró cansado, y se dirigió a la puerta. No tenía ni idea de a dónde lo llevaría todo esto, pero ya no había marcha atrás. ¿Qué pensaría su abuela si lo viera en ese momento?

FIN DEL CAPÍTULO 13

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el “Resplandor”, niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como “maligno”.

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ “Matilda” © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ “The Ring” © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ “The Shining” © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ “Stranger Things” © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ “Before I Wake” © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ “Orphan” © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ “The Omen” © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ “The Sixth Sense” © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ “Case 39” © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

3 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 13. Un Poco de Sentido

  1. Nacho

    Muchas gracias por tus respuestas y espero que actualices mañana el capítulo 14 que espero con ansias.
    Sobre mi pregunta si hay documentación sobre los sucesos mencionados anteriormente, yo creo que si las hay en parte oculta en una cortina de supersticiones o chismes. Por ejemplo en varias novelas de King mencionan a Darry o el payaso y en la película se sabe que el pueblo tiene la tasa de mortalidad más grande de américa o rumores sobre gente desaparecida y es obvio que los pueblerinos son unos ignorantes zombies que no pueden recordar sobre las tragedias. En la novela, Derry desaparece bajo el agua al momento de matar a Eso, no se sabe aún si en la película va aparecer el rito de chud, en que año actual It se despertara o si veremos los huevos de la araña gigante.
    Gracias por tus ánimos sobre que escriba un spinoff sobre tu fanfic, tengo que esperar un poco como se desarrollara la trama pero si me das elegir un personaje que empezaria a escribir es sobre Wayne de caso 39. Ya tengo la trama en mi cabeza.
    Nos vemos Wing y muchas gracias de
    Nacho

    Responder
  2. Nacho

    Me encanto el capitulo, mi favorito hasta ahora por los terribles sucesos ocurridos en carrie y me gusta esa personalidad que escribes sobre los personajes y en especial lo de Samara. Quiero que ella elija su propio destino. Sobre la Torre Oscura, se que hay comics publicados por Marvel si te interesan.
    La idea sobre el Nudo verdadero que se enfrente con la huérfana me parece interesante porque es un momento imprevisto en el lugar equivocado y que Damien no estaba muy seguro sobre la existencia de esa tribu. También lo de la entrevista de Eleven podría ir en un debate abierto que hablasen sobre el caso de Chaberlian y otros casos. Entre los otros entrevistados podía encontrarse Psicólogos, Funcionarios del gobierno y un Cura.
    Muchas gracias de nuevo por el capitulo y tus respuestas Wing, tengo muchas ideas y teorías pero algunas me las reservo pq hay que esperar la tercera temporada de Stranger y otras cosas más.
    Preguntas:
    Que paso con las pruebas del policía muerto y amigo de Emily, la grabación telefónica con la dulce voz de Emily en la casa de Doug?
    Los poderes de Samara tienen similitudes con el Monstruo Sombra de Stranger Things?
    Quienes son los rastreadores de la fundación Eleven?
    Veremos a Cole en Salem antes del regreso de Matilda?
    Matilda estará molesta con Cody por la mencion de Carrie?
    Quién o qué es Eso que le asusta a Samara?
    Existe un libro o novela que relata los sucesos ocurridos en Hawkings?
    El caso de Will o del pueblo de Darry Maine o el overlook hotel también están documentados?
    Algunos de los amigables doctores o el personal que custodian a Samara la venderán a la tribu del nudo?
    Algunos de los miembros de la fundación estarán molestos por las demostraciones públicas de Matilda y Cody sin la aprobación de Eleven?
    La Fundación de Eleven se sitúa en Hawkings o en las ruinas del laboratorio nacional?
    Samara quiere ser superheroína?
    Saludos y que estes bien de
    Nacho

    Responder
    1. WingzemonX Autor

      ¡Hola Nacho!, muchas gracias por tus palabras 🙂 me alegra que te haya gustado tanto el capítulo, y como se está manejando lo referente a Carrie y Samara. Gracias por todos tus comentarios y sugerencias, todo lo tomo a cuenta, te lo aseguro, y espero que te guste como progresa todo ello en los siguientes capítulo. También podrías incluso escribir un spinoff tú mismo si quieres con esas ideas; eso me gustaría 🙂 Ahora, sigamos con las preguntas:

      -Que paso con las pruebas del policía muerto y amigo de Emily, la grabación telefónica con la dulce voz de Emily en la casa de Doug?

      Lo más seguro es que es cuestión de tiempo para que alguien las encuentre, pero la pregunta es qué harán con dicha información.

      -Los poderes de Samara tienen similitudes con el Monstruo Sombra de Stranger Things?

      Si tiene similitudes o conexión, de eso aún no puede estar muy seguro. Hay muchas cosas que así como comentas, no puedo tener del todo claras todavía hasta que Stranger Things llegue a su final (o al menos pasen su tercera temporada).

      -Quienes son los rastreadores de la fundación Eleven?

      Personas con “habilidades especiales” que pueden usarlas para obtener información de ayuda para los casos que llevan. Fueron quienes descubrieron que Samara era adoptada, y otra información más que Scott no le compartió a Matilda, y en este caso las muertes en las que estuvo involucrada Lily.

      -Veremos a Cole en Salem antes del regreso de Matilda?

      Lo veremos mucho más pronto que eso, te lo aseguro 🙂

      -Matilda estará molesta con Cody por la mencion de Carrie?

      Molesta no, pero quizás sí algo sacada de onda. En el próximo capítulo se verá.

      -Quién o qué es Eso que le asusta a Samara?

      Eso igualmente lo sabremos muy pronto (O algo así)

      -Existe un libro o novela que relata los sucesos ocurridos en Hawkings?
      -El caso de Will o del pueblo de Darry Maine o el overlook hotel también están documentados?
      -La Fundación de Eleven se sitúa en Hawkings o en las ruinas del laboratorio nacional?

      De estas preguntas la respuesta también es que de momento no puedo especular mucho hasta ver el resto de Stranger Things. En el caso de Derry, según recuerdo lo “Eso” suele ser ignorado por la gente, por la misma influencia que tiene éste en el pueblo, así es que es probable que no. Por otro lado, lo del Overlook en Doctor Sueño es conocido, pero según recuerdo está oculto detrás de una caldera averiada y el sacrificio de su cuidador, así que es probable que la gente en general no lo sepa. Por otro lado, lo ocurrido con Carrie, según relata la novela, si fue muy conocido, y hubo varios artículos, libros y declaraciones al respecto, y es en ello en lo que me quise basar.

      -Algunos de los amigables doctores o el personal que custodian a Samara la venderán a la tribu del nudo?

      Y de nuevo, es muy curioso que menciones al Nudo Verdadero en ese contexto 😛 Y de nuevo, no puedo decir mucho más.

      -Algunos de los miembros de la fundación estarán molestos por las demostraciones públicas de Matilda y Cody sin la aprobación de Eleven?

      Es muy probable. De momento a corto plazo el otro miembro que veremos será Cole, pero no quiere decir que vaya a ser el único.

      -Samara quiere ser superheroína?

      Quizás no lo ha pensado a se nivel, pero sí le gustaría poder usar sus habilidades de una mejor forma. Matilda la ha inspirado un poco para ello.

      Bien, hoy siento que escribí mucho xD Gracias por siempre dejarme tus comentarios y preguntas, que ambos siempre me ayudan a incluso aterrizar algunas ideas que tengo. El día de mañana publicaré el Capítulo 14. ¡Nos vemos!

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