Fanfic Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 12. Avancemos con Cautela

30 de enero del 2018

Resplandor entre Tinieblas - Capítulo 12. Avancemos con Cautela


Resplandor entre Tinieblas

Por
WingzemonX

Capítulo 12.
Avancemos con Cautela

Matilda se sentía exhausta esa mañana, tanto que casi se quedaba dormida en el ascensor. Estuvo cabeceando un poco durante todo el trayecto de bajada, hasta que fue sacudida por el pitido que anunciaba la llegada a la planta baja. Entre hablar con el Dr. Armstrong para que le explicara a detalle todo lo que Doug le había comunicado, luego pedir ayuda para que le proporcionaran algo información adicional al respecto en la Fundación, y además hacer su propia investigación por Internet… la verdad era que casi no había dormido, y sólo hasta esos momentos su cuerpo comenzaba a resentirlo.

Definitivamente no estaba en condiciones para conducir una hora en carretera, pero si quería llegar a tiempo a la hora que había pactado con Cody, tendría que salir en ese mismo momento. Ni siquiera desayunó, y en su lugar sólo llenó su termo con café del comedor del hotel, y se dirigió de inmediato a su vehículo; su madre se hubiera enojado bastante con ella de haberse enterado de esto, así que sería mejor no comentárselo.

El café, así como algo de música resonando en el estéreo del automóvil alquilado, parecieron ser útiles en mantenerla lo suficientemente despierta para prevenir algún choque. De hecho tuvo suerte; gran parte del tramo lo recorrió casi sola. Al entrar a Portland fue cuando el tráfico la atoró un poco, y las alternativas que le ofrecía el GPS no parecían del todo favorables.

A media mañana, y entre veinte y treinta minutos después de haberse acabado el café de su termo, ya estaba transitando por la calle sobre la que se encontraba el Starbucks en el que había quedado de verse con su viejo amigo. Se estacionó en la acera de enfrente del local, pero antes de apagar el vehículo y bajarse, echó un vistazo rápido al reloj del tablero; eran las ocho con veintiséis minutos; perfecto momento para hacer la llamada que había estado procrastinando durante toda esa mañana; y no, no era la llamada a Eleven, sino otra que sabía que terminaría siendo un trago más corto, pero más amargo que esa.

Seleccionó el número del Hospital Eola de sus contactos, junto con la extensión de Dr. Scott, esperando que ya estuviera en su oficina y no tuviera que llamarlo directo a su teléfono móvil. Lo correcto hubiera sido llamarlo mucho antes para avisarle sobre su viaje exprés, pero su cabeza había sido una maleja de cosas desde el momento en el que tocó la foto de aquella niña, pasando por la llamada en la que le informaron repentinamente la muerte de Doug, hasta llegar a ese momento, en ese vehículo y en esa calle. Y claro, estaba el hecho de que era una llamada que no quería en lo absoluto hacer pero era necesaria; más por Samara que por Scott, claro está.

Para su suerte, si se le podía llamar así, el Doctor ya estaba en su oficina. Matilda no se estuvo mucho con rodeos, y le informó sobre el asunto de forma directa. Y tal como lo previó, él no lo tomó del todo bien. El día anterior había prometido compartirle un reporte de todo lo que había observado durante ese tiempo con Samara, y evidente estaba interpretando este cambio de planes a último momento como una excusa con el fin de sacarle la vuelta a dicha obligación. Poco le importaba el hecho de que había usado como motivo la muerte de un compañero psiquiatra.

—Usted y yo teníamos un trato, Dra. Honey —le recriminó John al teléfono, mientras ella bajaba del vehículo, con su maletín en mano y su bolso al hombro.

—Y no dije que no lo cumpliría, sólo que no podré hoy. —Cruzó rápidamente la calle mientras el semáforo de la esquina se encontraba en rojo—. Creo que esto que le estoy comentando claramente entra en la categoría de “emergencia personal”.

—Qué conveniente.

—No hay nada conveniente en esto —le respondió con tono severo—. Un colega murió, por si no le quedó claro.

—Hace una semana, según tengo entendido.

Matilda había recién abierto la puerta de la cafetería cuando lo escuchó pronunciar ello, sacándola un poco de su serenidad. Dudó un rato en cómo reaccionar, pero se empujó a sí misma con el fin de poder hacerlo.

—¿Usted sabía de esto?

—Seguro —contestó el buen Doctor, notablemente indiferente—. No lo conocía en persona, pero era conocido de algunos amigo. La pregunta es, ¿por qué usted no lo supo hasta ahora si eran tan colegas?

Matilda sintió el inminente impulso de responderle un par de cosas a su tan hiriente comentario; un par de cosas que su madre de seguro no aprobaría en lo absoluto. Pero, como siempre, tuvo que respirar hondo, y mantenerse lo más calmada posible. Tarde o temprano eso dejaría de funcionarle, estaba segura.

Recorrió el establecimiento con la mirada una vez adentro, hasta divisar a su amigo Cody, sentado en una mesa redonda del lado derecho, con dos vasos de papel en ella. El lugar estaba relativamente solo, aunque con suficientes personas como para sentirse movido. Cody también la vio desde su asiento, quizás desde que entró, y la saludó amistosamente con una mano; ella le devolvió el saludo de la misma forma, y se le aproximó al tiempo que seguía al teléfono.

—Escuche, sólo dígale a Samara que la veré más tarde si me es posible, o mañana sin falta.

—¿Ahora soy su recadero?

—No me presione, Scott —espetó de golpe, algo más alto de lo debido—. No estoy para nada de humor este día.

—Esa no es novedad.

No creía que fuera posible, pero esa mañana el buen Doctor le resultaba aún más desesperante que de costumbre.

—Sólo dígale que… —Antes de que pudiera decir algo más, la comunicación se cortó, dejándola con sus palabras en la garganta, y el silencio al otro lado de la línea. Matilda bajó incrédula su teléfono, alcanzando a ver como en la pantalla se mostraba que la llamada había terminado, antes de tornarse totalmente negra—. ¡Me colgó! —Exclamó exaltada, volteando a ver a Cody, quien se había puesto de pie una vez que ella estuvo frente a su mesa—. No lo puedo creer; ¿acaso tiene doce años?

Cody sonrió divertido.

—¿Mal inicio del día?

—He tenido peores —le respondió con simpleza, y entonces se permitió colocar su maletín en el suelo a un lado de la segunda silla de la mesa, y su bolsa sobre ésta—. Lo siento, enserio. ¿Llevas mucho tiempo esperándome?

—No, descuida —le respondió el profesor, tomando asiento de nuevo un instante después que ella—. El Uber me dejó hace relativamente poco.

—¿Uber te puede llevar a otra ciudad? —Le cuestionó Matilda, curiosa, a lo que Cody se encogió de hombros.

—Supongo, si el conductor está dispuesto y no son más de cuatro horas de viaje.

—Te lo rembolsaré, te lo prometo.

—Descuida, no te preocupes por eso ahora.

Cody tomó uno de los dos vasos de café, y se lo aceró hasta ponerlo justo delante de ella. Para su sorpresa, tenía escrito en un costado con marcador negro: “Matilda”.

—Te compré un café late. ¿Aún te gustan?

—Todo lo que tenga cafeína es aceptable en estos momentos, gracias.

Se había empinado todo su termo de café en el camino, pero eso poco le importó. Tomó el vaso y le dio un pequeño sorbo. Justo lo que necesitaba, aunque quizás lo que ocupaba más era un desayuno.



—Gracias por venir, Cody, enserio.

—No tienes nada que agradecer, Matilda. Los chicos de la Fundación Eleven debemos de cuidarnos las espaldas, ¿no crees?

El tono de Cody le pareció algo sarcástico, aunque Matilda suponía que más bien intentaba ser gracioso. Como fuera, logró dibujarle una sonrisa en los labios mientras bebía su café. Cody le devolvió la sonrisa, pero su expresión se tornó seria casi de inmediato.

—Anoche no te lo pude decir, pero lamento lo que le pasó a tu amigo.

Matilda suspiró, algo incómoda por la mención de ese tema, debía aceptar.

—Gracias. No había hablado con él en años, y la verdad aún tenía problemas para ubicarlo. Me avergüenza decirlo, pero tuve que buscarlo en Facebook para poder recordar claramente quién era. Pero igual sigue siendo algo impactante… que una persona te hable un minuto, y poco después sencillamente… ya no esté ahí.

Cody la miró algo extrañado. La mirada de Matilda se había centrado en su vaso de café, el cuál movía ligeramente con sus dedos para hacerlo girar. Cody podría no tener la capacidad de leer las mentes e intenciones de la gente, pero le pareció percibir que no estaba hablando directamente de su colega fallecido.

—¿Matilda? —Exclamó tras un rato en el que Matilda se había quedado callada. Su voz la hizo reaccionar, y alzar su mirada de nuevo.

—Lo siento… —se disculpó apresurada, y de inmediato comenzó a revisar su maletín para sacar un folder en el que traía varias hojas que había impreso en el hotel antes de salir—. Anoche hablé con el Dr. Armstrong, un profesor del doctorado, y le pedí que me contara todo lo que Doug le contó sobre este caso. Además de eso, pedí en la Fundación que me investigaran todo lo posible al respecto también y me lo mandaran en cuanto pudieran.

—¿Hablaste con Eleven de esto?

La sola mención de su mentora la hizo estremecerse por un instante, pero de inmediato se repuso.

—No aún —le respondió inexpresiva.

—¿Por qué no?

—Porqué… es complicado. —Tomó el expediente, y lo colocó en el centro la mesa—. En estos momentos, creo que siente que no puedo encargarme sola del caso de la niña que te hablé. Y si además se entera de que me estoy metiendo en otro asunto al mismo tiempo, lo pensará más.

—¿Entonces pediste ayuda en los rastreadores de la Fundación sin decírselo a Eleven? —Matilda detectó cierto tono de recriminación en él, que no estaba precisamente muy disfrazado.

—Yo no dije que era por encargo de Eleven —se justificó, un poco a la defensiva—. Nadie me lo cuestionó, así que no les mentí.

—Claro que no te cuestionaron, todos sabemos que eres la favorita de Eleven, y que desobedecerte es como desobedecerla a ella.

—¡¿Qué?! —Matilda se sacudió un poco al escuchar tal afirmación. Balbuce, dudosa de qué responder, y tuvo que tomarse un segundo para respirar hondo y calmarse—. ¡Eso no es cierto!

—Lo que usted diga, jefa —contestó el chico de anteojo, sonriendo de manera juguetona y alzando su café hacia ella—. Lo que menos quiero es contradecirla.

Las mejillas de Matilda se tornaron rojas de golpe.

—¡Ya!, deja eso. Sí le contaré todo a Eleven, pero cuando sepamos más al respecto…

Matilda se encontraba atónita. ¿Esa era la percepción que el resto de los chicos de la Fundación tenían de ella? Se sintió de nuevo como en la escuela, cuando en cada salón en el que estaba, los chicos, la mayor parte del tiempo mayores que ella, la acusaban de ser la favorita del profesor, e incluso su mascota, sólo por dedicarle más empeño y dedicación a los estudios de lo que ellos lo hacían. Pero esa era la primera vez que escuchaba que alguien la llamaba “la favorita de Eleven”, y por supuesto que no era cierto; si fuera así, ¿por qué ella hubiera dicho que no estaba capacitada para encargarse de ese caso? O… ¿no lo había dicho así con exactitud?

Comenzó por un instante a cuestionarse si quizás había exagerado de más su reacción a las palabras de su mentora. Se dice que la gente muy inteligente, los coloquialmente llamados “genios”, por enunciar el sobrenombre más amistoso, tienen a no saber lidiar muy bien con la crítica. Ella jamás se consideró de esa clase, pero quizás podía ser cierto dependiendo de quién en específico venía dicha crítica. Pero como fuera, intentó deshacerse rápidamente de esos pensamientos que lo único que hacían en esos momentos era distraerla de lo importante.

Se aclaró entonces su garganta, y volvió a respirar hondo para recobrar la compostura.

—No creí que los rastreadores fueran a encontrar mucho… pero de hecho sí lo hicieron. Mira.

Matilda deslizó un poco el expediente hacia su compañero, el cual lo tomó y abrió, echándole un ojo. Le tomó unos cuantos minutos, pero Matilda logró notar como en su expresión se reflejaba el sentimiento de confusión y premura que ella misma había tenido la primera vez que lo vio.

—¿Todos estos casos…? —murmuró Cody, y aunque no logró terminar su pregunta, Matilda respondió con un rotundo “sí”.

—¿Piensas lo mismo que yo?

Cody siguió leyendo un rato más, y luego dejó el expediente otra vez sobre la mesa. Se retiró sus anteojos, y se quedó mirando fijamente y reflexivo a su propio vaso.

—Un Resplandor que le da la habilidad de alcanzar a personas a distancia, como Eleven —concluyó en voz baja, y Matilda asintió; fue lo mismo que había pensado ella—. Pero para afectar a la gente de esta forma, tiene que ser algo más.

—Podría ser una ilusionista, ¿no? No cómo tú, sino como Eight.

—Tendría que tener una capacidad mucho mayor que esa, ya que nunca había conocido a un ilusionista que pudiera afectar a alguien sin estar ante ella. Sería una combinación… bastante espeluznante. —Se colocó de nuevo sus anteojos, y dio un par de sorbos más de su café—. Podría ser algo nuevo que nunca hayamos visto, como tu otro caso. Pero sea lo que sea, me es difícil creer que una niña de diez años pueda hacer eso…

—Tú y yo éramos más jóvenes cuando nuestras habilidades se fortalecieron —señaló Matilda serena, pero Cody negó con su cabeza lentamente.

—No me refería precisamente a su habilidad, sino a… —extendió entonces su mano hacia el expediente, abriéndolo, justo en uno de los reportajes de periódico que hablaba de una persona fallecida en un horrible choque de autos en el que su cuerpo, literalmente, había quedo hecho pedazos—, este tipo de actos…

Matilda guardó silencio, sintiendo el peso de esas palabras caer sobre sus cabeza y hombros.

—Un Resplandor como éste, en una persona con psicopatía… Podría ser algo muy, muy peligroso…

—No saquemos conclusiones todavía —intervino la psiquiatra, cerrando de nuevo el expediente por su cuenta—. Lo del TPA era sólo una teoría de Doug; podría no tratarse precisamente de eso.

Cody la miró incrédulo.

—¿Dices que una niña podría hacer eso a tantas personas sin tener algún tipo de trastorno?

Matilda miró hacia otro lado, y se encogió ligeramente de hombros.

—Sólo digo que prefiero no ponerle etiquetas a nadie hasta revisar por completo los hechos.

Cody se hizo hacia atrás como auto reflejo a su comentario.



—Sí, tienes razón; lo siento —exclamó despacio, y siguió bebiendo su café, algo avergonzado—. ¿Sabes en dónde está ahora?

—No precisamente. Anoche intenté contactar con la trabajadora social a cargo de su caso, pero me fue un poco difícil. Le di mi número a su supervisor, pero no he recibido llamada alguna. Quizás debamos ir a Asuntos Familiares personalmente.

—Pues hagámoslo —Convino Cody, y de inmediato tomó su celular para buscar cómo llegar a dichas oficinas. Su expresión, sin embargo, reflejaba preocupación—. Pero si es lo que creemos… debemos avanzar con cautela.

—Por eso te tengo aquí conmigo —bromeó Matilda, guiñándole el ojo—. Contigo a mi lado, no tengo nada que temerle a ninguna ilusionista, ¿no?

Ahora le tocó el turno a Cody de ruborizarse, aunque intentó ocultarlo agachando su rostro hacia el teléfono.

Luego de terminar sus cafés, y Matilda un Muffin para llenar su estómago, tomaron un taxi a las oficinas de Asuntos Familiares y Servicios Infantiles, para buscar a Adrian Wayne, el hombre con el que Matilda había hablado la noche anterior. Sin embargo, al llegar a aquel sitio, Matilda y Cody se enterarían de algunos sucesos más que escabrosos ocurridos justo esa misma noche, y que además el Señor Wayne no se encontraba ahí en esos momentos.

— — — —

Adrian Wayne era supervisor en jefe en Servicios Infantiles de Portland, en las oficinas del centro. Era un hombre afroamericano, alto y de complexión mediana, cabello rizado muy corto, casi rapado. Emily Jenkins y él habían comenzado a trabajar en esta labor casi al mismo tiempo, y habían sido amigos cercanos desde hace ya mucho tiempo. Cuando la oportunidad se dio, cualquiera de ellos era candidato a ser ascendido a supervisor, pero Emily le cedió el lugar aún antes de que la contienda empezara. Wayne nunca supo con seguridad el porqué, pero suponía que ya lidiaba con suficiente burocracia en su puesto actual como para meterse además con asuntos administrativos. Él por suerte, no le tenía miedo a ese tipo de retos. El largo camino que había recorrido desde la modesta casa de sus padres en New York hasta ahí, lo había hecho con sus propios pies, y labrado con su propias manos. Pero claro, sería bastante soberbio de su parte negar el gran apoyo adicional que había recibido de la gente que apreciaba a lo largo de dicho camino; gente preciada como sus padres, como Emily, o como el oficial de policía Mike Barron, un hombre confiable y recto que se había convertido casi como un segundo padre tanto para Emily como para él.

Y ahora, una de esas personas preciadas para él acababa de morir justo la noche anterior; y mientras conducía a su oficina esa mañana, desconocía que otra más de ellas estaba a un paso de seguir el mismo destino.

Ya se encontraba a menos a de ocho minutos de llegar, cuando su teléfono comenzó a vibrar en el interior del bolsillo de su saco. Maniobró como pudo el volante con una mano, mientras con la otra sacó el dispositivo. Redujo un poco la velocidad para poder poner un ojo en la pantalla y otro en el camino. Sin embargo, toda su atención se tuvo que centrar en la pantalla de golpe al notar el nombre que en ésta se mostraba: R. Vázquez, abreviado para Robert Vázquez, detective de homicidios, colega y amigo de Mike, y le gustaba pensar que suyo también.

Sintió un pequeño nudo en la garganta al ver ese nombre de nuevo entre sus llamadas de entrada. Vázquez había sido precisamente quien le habló la noche anterior para notificarle lo ocurrido con Mike, y tenía el horrible presentimiento de que ahora le llamaba parar compartirle otra desgracia. El mejor escenario, por otro lado, era suponer que sólo quería darle más detalle sobre Mike.

Contestó la llamada y la puso en altavoz para poder escucharla en las bocinas de su auto, por medio del Bluetooth, mientras seguía conduciendo.

—Hola Vázquez, espero que estés mejor esta mañana —le saludó con un tono que intentaba ser jovial, pero no demasiado considerando la situación.

—Todo lo contrario, me temo —respondió por el altavoz, la voz bastante seria del detective—. No sé si ya te enteraste, pero por si no, pensé que era mejor que yo te llamara.

—¿Se trata de Mike?

—No —respondió Vázquez secamente—. O al menos, aún no lo sé. Se trata de Emily Jenkins, la amiga de Mike que trabaja contigo.

Wayne se quedó atónito; odiaba tener razón en sus horribles presentimientos.

Vázquez le contó de manera resumida la situación, sobre lo ocurrido en el muelle con Emily y la niña que ésta tenía a su cuidado. Wayne, incrédulo, mencionó haber hablado con ella un poco después de lo de Mike, pero su reacción en ese momento no estaba ni cerca de poder darle algo de claridad a tan confusa situación. El policía le informó además que tanto Emily como Lily se encontraban en el Providence Medical Center, y que él se encontraba ahí aguardando a que alguna de las dos reaccionara y poder tomar su declaración. Sin necesidad de que él se lo solicitara, de inmediato Wayne dio la media vuelta, tomando el carril en la dirección contraria para dirigirse al hospital.

De camino, telefoneó a Nancy Strewell, su compañera en el departamento de adopciones, y quien se encontraba a cargo del caso de Lily Sullivan para buscarle un nuevo hogar. Lo último que Emily le había informado al respecto es que ya había encontrado una familia interesada en adoptarla, y que quería presentarlos ese mismo viernes. Dada la situación, sin embargo, no estaba de más informarle. Nancy se mostró realmente impactada y preocupada por lo que Wayne le contó. No fue capaz de decirle mucho más ya que tenía que tener su atención en el tráfico, además del hecho de que aún no sabía mucho tampoco. Igualmente le informó el hospital en el que ambas se encontraban, y que ahí el policía a cargo del caso quizás pudiera decirles más. Nancy afirmó que iría directo para allá, y poco después cortaron.

En cuanto la llamada terminó, la música de su celular volvió a sonar en las bocinas de su estero. Media canción después decidió quitarla, pues estaba tan metido en todo lo que le acababan de informar que ni siquiera le puso atención. Decidió mejor buscar entre las estaciones si había algún noticiero que hablara de lo ocurrido. Tardó un poco, y casi dio la vuelta completa, pero al final encontró la voz de una comentarista que hablaba de un incidente en los muelles.

—… según los testigos, la mujer atravesó la reja de seguridad con su vehículo a toda velocidad, y se dirigió directo a la orilla del río. Trabajadores de los muelles lograron sacar a la mujer y a la niña que iba con ella, y alertaron de inmediato a los paramédicos y a las autoridades. El estado de ambas es aún desconocido para el público, así como sus identidades. Sin embargo, fuentes no oficiales nos informan que la mujer podría ser sospechosa de haber incendiado su propia casa unas horas antes del incidente, y de haber huido de la escolta policiaca…

—¿Incendiar su casa? —Soltó Wayne como un pensamiento en voz alta—. Por el amor de Dios, Emily. ¿Qué hiciste?

Aún no podía creer que algo de eso pudiera ser verdad. ¿Emily? ¿La Emily que él conocía? ¿Quemado su casa y arrojado al río con una niña a su cuidado? No, no podía ser cierto. Debía haber algún tipo de malentendido, algo que Vázquez o esa comentarista no sabían.



“Soy psiquíatra y colega Doug Ames”, recordó de pronto que había pronunciado aquella misteriosa mujer la noche anterior. “Él me llamó hace unos días, justo ante de morir. Me quería pedir ayuda sobre este caso, sobre la niña de este incidente. Me acabo de enterar de su muerte, y necesito hablar con la trabajadora social que se encargaba de la niña. Es muy importante…”

¿Qué era todo eso que le había dicho? ¿Qué significado tenía todo eso? Un poco después de que le hubiera entrado esa llamada, le entró la de Vázquez avisándole lo de Mike, casi como si aquello hubiera sido algún horrible presagio. Y ahora ocurría esto… ¿Quién era esa doctora? ¿Ella sabía lo que estaba pasando? ¿Doug sabía algo?; y ahora él también estaba muerto. Los cadáveres parecían acumularse a su alrededor sin ningún motivo, y no entendía en lo más mínimo por qué…

Al llegar al hospital, entró apresurado por el área de urgencias a la pequeña sala de espera, a un lado del área de información y recepción. Pasó su mirada por toda la sala, hasta divisar a Vázquez, hablando por teléfono al tiempo que caminaba de un lado a otro. Wayne se le aproximó, y al notarlo el policía le indicó con su mano que aguardara un segundo hasta que terminara su llamada. Robert Vázquez era un hombre alto de piel morena y cabello negro, con facciones latinas. Tenía los hombros anchos y un par de cicatrices nada discretas en su rostro; una en la ceja izquierda, y otra más en el labio superior, del lado derecho; ésta última era la menos visible, al menos que pusiera la debida atención. Wayne siempre se preguntó qué historia interesante habría detrás de ellas, pero nunca se había atrevido a preguntar.

Al terminar su llamada, Vázquez guardó su teléfono en el bolsillo interno de su chaqueta, dejando por unos momentos a la vista de Wayne su pistola guardada en la funda interior, pegada contra su costado derecho. Wayne nunca había sido fanático de las armas, ni un poco, por más que su padre había intentado que lo fuera. Una vez que su teléfono estuvo en el bolsillo, clavó sus ojos oscuros y de mirada dura en el recién llegado.

—Wayne —le saludó algo inexpresivo, extendiéndole la mano, misma que Wayne aceptó.

—Vázquez, ¿cómo están?

El detective suspiró y pasó su mano derecha por su cabello, de adelante hacia atrás.

—La niña parece estar bien —explicó con un tono grave y serio, propio de los detectives con más edad y experiencia, aunque él aún no alcanzaba siquiera los treintaicinco—. Tragó un poco de agua, pero la están observando. Tu empleada… ella aún no reacciona. Dicen que cayó en coma.

—Santo Dios —exclamó Wayne, atónito—. En las noticias dicen que prendió fuego a su casa y luego se lanzó ella misma al río con todo y su auto, deliberadamente. ¿Es eso cierto?

—De la casa aún no tengo todos los detalles, y parece que los bomberos siguen deliberando. Sin embargo, todo parece indicar que el incendio se empezó desde adentro, con combustible como catalizador. Estaba hablando con mi compañero hace unos segundos, y me dijo que un empleado de una gasolinera por el centro declaró haberle llenado un galón a una mujer cuya descripción concuerda. Sobre el río, los oficiales que las escoltaban a la jefatura declararon que se desvió de la ruta deliberadamente, y al parecer testigos la vieron conduciendo de forma errática por la autopista. Los trabajadores del muelle afirman que atravesó la malla de seguridad a toda velocidad, sin siquiera frenar. Sabes que normalmente no creo en la prensa, pero en sólo unas cuantas horas han salido bastante pruebas que demuestran que su versión es la correcta.

—No puede ser —exclamó Wayne, aún escéptico, y se permitió sentarse en una de las sillas de espera—. ¿Qué rayos pasó anoche?

—No lo sé. Primero lo de Mike, y luego esto. —Vázquez tomó entonces asiento delante de él—. Me dijiste que hablaste con ella anoche.

—Sí, para contarle lo de Mike.

—¿Cómo estaba? ¿La oíste alterada?

Wayne no sabía cómo responder a eso. ¿Alterada?, no estaba seguro si de esa forma describirlo, pero tranquila definitivamente no era tampoco la descripción adecuada.

Antes de que pudiera responder algo, vio por el rabillo del ojo a alguien entrar en la sala, y por mero reflejo se desvió en dicha dirección. Reconoció de inmediato a Nancy, una mujer delgada y baja, de cabello rubio oscuro y ojos negros. Usaba un traje estilo ejecutivo de pantalón y saco negro, y venía cargando en sus brazos su maletín, bolsa y abrigo. Al verlo, se les aproximó, resonando sus tacones altos contra el piso, y ambos hombre se pusieron de pie.

—Wayne —exclamó, justo antes de darle un ligero abrazo como su carga le permitió.

—Nancy —le devolvió Wayne el saludo y el abrazo, para luego separarse—. Él es mi amigo, el Detective Robert Vázquez. Era colega de Mike.

—Encantado —murmuró Robert, igualmente carente de mucha emoción, y también extendiéndole su mano.

—Igual —respondió la mujer, notoriamente afectada—. ¿Qué es lo que está pasando?

Wayne le dio una síntesis rápida de todo lo que Vázquez le había comunicado, y éste complementó con algunos detalles también. Nancy reaccionó con la misma incredulidad que él.

—No puedo creerlo. ¿Mike se suicida, y Emily quema su casa y se lanza al río? ¿Cómo pasó todo esto?

—Mike no se suicidó —declaró Robert con bastante firmeza, y hasta algo de agresividad—. No vuelva a decir eso.

Nancy y Wayne intercambiaron una mirada intrigante.

—¿Creen que lo asesinaron? —Cuestionó el hombre de piel oscura, cruzándose de brazos.

Vázquez soltó una risa profunda, y luego se rascó la nariz con un dedo, y dio una aspiración fuerte de aire; al parecer tenía algo de alergias.

—Los jefes no, pero yo estoy seguro de que algo más pasó. Tú conocías a Mike, era un hombre religioso, amaba a su familia. ¿Por qué se dispararía a sí mismo en un estacionamiento? ¿Por qué le haría eso a Madeline y a los niños?

Wayne no podía fingir que no estaba de acuerdo con sus afirmaciones. Mike, un detective dedicado a su trabajo, a su familia y a su fe… definitivamente no parecía el tipo de hombre que haría algo como eso de la noche a la mañana. Pero, si no fue eso… ¿qué podría haber sido? La mente de Wayne comenzaba a trabajar a marcha forzada.

—Y luego esto —añadió el policía, señalando hacia el pasillo—. ¿Crees enserio que es una coincidencia?

¿Coincidencia? No, dos desgracias ocurridas la misma noche, las posibilidades dictaban que tenía que haber una relación entre ambas. Wayne se alejó un poco de ellos, girándose hacia otro lado. Las últimas semanas comenzaron a pasar en cámara rápida en su cabeza, incluyendo todos los sucesos extraños, sospechosos, o fuera del lugar que él sencillamente había elegido pasar por alto, voltearse a otro lado y fingir que no había visto nada… pero que ahora comenzaban a tomar bastante sentido.

—¿Qué está intentando decir, oficial? —Inquirió Nancy, confundida—. ¿Cree que Emily tuvo algo que ver con la muerte de Mike?

El hombre de piel morena volvió a pasar su mano por su cabello, quizás como parte de algún tipo de tic nervioso.



—No lo sé. Sólo sé que Mike Barron no se suicidó, y en eso apostaría mi vida. Y aunque no sé qué con exactitud, sé también que algo está pasando aquí, y no lo estamos viendo.

—Es la niña —escucharon que Wayne murmuraba de pronto, llamando la atención de ambos.

—¿Qué dices? —Le preguntó Nancy. Wayne entonces alzó su mirada de nuevo hacia ellos.

—Lily, la niña que estaba al cuidado de Emily, la que iba en el carro. Ella de algún modo tiene algo que ver con todo esto.

Vázquez arqueó una ceja en señal de perplejidad, y Nancy no se encontraba del todo lejos de ello.

—Eso es ridículo —señaló la trabajadora social.

—¿Ridículo? —El tono de Wayne tomó de golpe una postura mucho más decidida que antes—. Dos buenos amigos están muertos, y una tercera está en coma, y todo comenzó cuando esa niña apareció.

—¿Dos? —Intervino Vázquez, curioso—. ¿Cuáles dos? ¿Quién es el otro?

—Doug Ames, trabajaba como Psicólogo Infantil con nosotros. Murió hace una semana…

—En un accidente en su baño —intercedió Nancy, antes de que prosiguiera—. Se resbaló y se golpeó la cabeza.

—No, eso es lo que todo el mundo supone, porque la policía nunca determinó otra cosa.

—¡Porqué quizás no hubo otra cosa! —Espetó Nancy, algo molesta; se permitió entonces dejar sus cosas obre una de las sillas.

—¿Y qué me dices de Diego?

—¿Quién es Diego? —Volvió intervenir Vázquez, quien se veía más que interesado en todo lo que decían. Wayne estaba a punto de responderle, pero Nancy lo detuvo.

—No, basta Wayne; sólo escucha lo que dices. Lo que pasó con los padres de Diego fue algo terrible, pero fue un acto perpetrado por un niño con problemas, que nada tiene que ver con esto.

—Quizás tenemos otra niña con problemas aquí y no lo sepamos —añadió Wayne, notoriamente a la defensiva.

—Oye, tranquilo, amigo —Escuchó que Vázquez pronunciaba a su lado, colocando una mano sobre su hombro para calmarlo.

—Nada de lo que dices te consta, Wayne —prosiguió Nancy, quien también parecía algo aversiva—. Lo de Doug fue un accidente, aún no sabemos qué fue lo que ocurrió con Mike, y te aseguro que nadie obligó a Emily a lanzarse a ese río. Emily estuvo actuando muy extraña desde hace días, yo misma la vi. Evidentemente la muerte de Doug la afectó más de lo que esperábamos, y casi se llevó a esa pobre niña en su desesperación.

—Ella tiene razón, Wayne —secundó Vázquez—. Todo esto es extraño, pero tampoco hay que perder la cabeza y lanzar acusaciones sin fundamentos.

—No, ustedes no conocían a Emily como yo —Recalcó Wayne, bastante seguro—. Es una de las mujeres más fuertes que conozco. Quemar su casa, lanzarse al río en su vehículo. ¡Ella nunca haría algo como eso!

Había alzado la voz de más, y eso claramente había perturbado un poco el espacio tan solemne y tranquilo de la sala de estar, y se había ganado además algunas miradas inquisidoras por parte de las enfermeras. Respiró hondo, intentando tranquilizarse un poco, antes de seguir hablado.

—Escuchen, no diré que sé qué está pasando aquí; creo que ninguno de los tres puede decir eso. Pero sea lo que sea, tiene que ver con esa niña. Doug, Mike, Emily; todos ellos lo sabían, y ahora están muertos o en una cama de hospital. Y anoche recibí una llamada de una supuesta doctora a la que Doug había contactado con respecto a ella, y le urgía hablar con Emily. ¿También crees que fue una coincidencia?

—¿Qué doctora? —Cuestionó Nancy, más liada que antes—. ¿De qué hablas? ¿Quién era?

—Me dijo su nombre… Se apellidaba Honey —comenzó entonces a tantear su saco y los bolsillos de su pantalón—. Su número… me dio su número, dijo que se lo pasara a Emily.

Sacó su billetera de su bolsillo izquierdo, y luego de ésta un post-it de color amarillo en donde había anotado el número de Matilda. Se lo extendió entonces a Vázquez, quien lo analizó unos segundos, antes de guardárselo en su propio bolsillo.

—Lo investigaré.

—Escuchen los dos —pronunció Nancy con fuerza, pero no la suficiente para ser reprendida por las enfermeras—. Sé que están afectados por todo esto, y lo entiendo. Pero no se quieran desquitar con una inocente. Dejemos primero que la investigación de lo ocurrido nos dé un poco de luz. —Se giró de lleno hacia Wayne, en busca de algo sentido común de su parte—. Mientras tanto, tenemos que decidir qué hacer con Lily. Este viernes iba a llevarla a conocer a una nueva pareja que desea adoptarla, pero dadas las circunstancias tendré que atrasarlo.

Wayne asintió con su cabeza, y luego pasó su mano por todo su rostro, tallándolo.

—Será lo mejor. No creo que queramos ponerla en otra familia hasta no estar seguros que no tiene nada que ver con esto.

Nancy bufó molesta, pero se contuvo de hacer cualquier otro comentario.

—Mientras yo intentaré averiguar quién es esta Doctora Honey —señaló Vázquez, y acto seguido sacó su teléfono con la intención de hacer otra llamada, mas no logró hacerla.

—No hace falta —escucharon que alguien pronunciaba a sus espaldas, y los tres se giraron al mismo tiempo. Entrando por la puerta de la sala, y caminando directo hacia ellos, vieron a una mujer de cabellos castaños y ojos azules, y a un hombre joven y delgado, de cabellos rubios y anteojos. La mujer, se paró directo enfrente de ellos, con una muy firme presencia en su postura—. Disculpen la intromisión. Yo soy la Dra. Matilda Honey. Él es mi colega, el Profesor Cody Hobson.

El chico que la acompañaba se limitó a sólo sonreír y hacer un ademán de saludo con la cabeza.

—¿Usted fue la que llamó anoche? —señaló Wayne, algo sorprendido.

—Sí, Señor Wayne, fui yo —le respondió con tranquilidad—. En su oficina nos informaron de lo ocurrido a la señorita Jenkins, y nos dijeron que podríamos encontrarlo aquí mismo. Esperamos no llegar en mal momento.

Wayne no respondió nada, pero Nancy se dispuso a dar un paso adelante en nombre de todos.

—¿Qué es lo que quieren? —Les cuestionó, casi como una acusación—. ¿Para qué buscaban a Emily y a Wayne?

Matilda se reacomodó su bolsa en su hombro, pues se le estaba cayendo un poco. Acto seguido, volvió a su postura segura y firme, y a su mirada estoica y tranquila.

—Necesitamos hablar de Lily Sullivan. En un lugar privado, de preferencia.

Nancy volteó a ver a los otros dos; se notaba que no entendía en lo absoluto a dónde iba eso, y ellos estaban en una situación muy parecida. Sin embargo, Wayne parecía el más intrigado y deseoso de escuchar qué era lo que esos dos extraños tenían que decir; algo de todo ello podría quizás darles claridad.

FIN DEL CAPÍTULO 12

Notas del Autor:

Nancy es un personaje secundario de Case 39, encargada de buscarle un hogar adoptivo a Lily. Cómo no se le vio mucho en la película, de ser necesario me tomaré algunas libertades con su personalidad y/o historia.

Robert Vázquez es un personaje original de mi creación, aunque está basado en el contexto de la película de Case 39, más no es un personaje que haya aparecido directa o indirectamente en ella.

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Resplandor entre Tinieblas La Dra. Matilda Honey ha dedicado toda su vida a ayudar a los niños, especialmente a aquellos con el “Resplandor”, niños con habilidades especiales como ella misma lo fue. Desde hace muchos años, ha ayudado activamente en la Fundación Eleven, una organización dedicada a apoyar a este tipo de niños. Siguiendo esta misión, es llamada al Hospital Psiquiátrico de Eola, para entrevistar a una niña de doce años llamada Samara Morgan, quien presenta enormes habilidades psíquicas, que parecen salirse de los patrones normales que hubieran visto antes. Todos los que tienen algún contacto con ella, dicen que hay algo extraño detrás de sus habilidades, algo que sólo pueden describir como “maligno”.

Pero Matilda no cree en el mal, y está decida a ayudar a Samara, así como alguien la ayudó a ella en su juventud. Pero se dará cuenta más temprano que tarde que el mal es de hecho bastante real, y que se ha metido en algo que está más allá de lo que puede entender…

+ “Matilda” © Jersey Films, Danny DeVito, Roald Dahl.

+ “The Ring” © DreamWorks Pictures, Gore Verbinski, Koji Suzuki.

+ “The Shining” © Warner Bros., Stanley Kubrick, Stephen King.

+ “Stranger Things” © Netflix, Matt Duffer y Ross Duffer.

+ “Before I Wake” © Intrepid Pictures, Mike Flanagan y Jeff Howard.

+ “Orphan” © Dark Castle Entertainment, Jaume Collet-Serra, David Leslie Johnson.

+ “The Omen” © 20th Century Fox, Richard Donner, David Seltzer.

+ “The Sixth Sense” © Hollywood Pictures, Buena Vista Pictures Distribution, M. Night Shyamalan.

+ “Case 39” © Paramount Vantage, Paramount Pictures, Christian Alvart.

Si te ha gustado mi trabajo y deseas ver más de él, puedes apoyarme invitándome un café. Será enormemente apreciado.

3 pensamientos en “Resplandor entre Tinieblas – Capítulo 12. Avancemos con Cautela

  1. Nacho

    Preguntas:
    Lily detectó la presencia de Matilda y de Cody, utilizara a Nancy para defenderse?
    Que pasaria si la Huérfana se cruzarse con los del Nudo Verdadero?
    Wayne sabe algo sobre la fundación de Eleven?
    Saludos y que estes bien de
    Nacho

    Responder
  2. Nacho

    Muchas gracias por bajar el capitulo 12 seguido, actualizadas el capítulo 13? Me imagino que no pero bueno gracias tambien por tus respuestas. Sobre el capítulo me pareció interesante los personajes de caso 39 y sobre la mención de los ilusionistas, la especialidad de la hermana de Eleven, Kali.
    Sobre otro tema, desde que leei tu fanfic no pude dejar de relacionado con temas por ejemplo La Torre Oscura, tristemente la película se distancia de los libros pero el tema era que a los niños resplandecientes eran secuestrados por Los Pieles Falsas. A diferencia del Nudo Verdadero, estos demonios liderados por el Hombre de Negro, utilizaban la energía de los niños para destruir la torre. La mente de un niño puede llegar derribar el soporte del multiverso y matar a dios.
    A lo que me refiero que hay fuerzas del mal y no todas comparten los mismos objetivos que Demian por ejemplo…

    Responder
    1. WingzemonX Autor

      ¡Hola Nacho!, gracias por comentar y perdón por la tardanza en responderte, estuve afuera de la ciudad el fin de semana 🙂 De hecho el Capítulo 13, si todo sale bien, lo estaría publicando precisamente mañana o pasado. Sobre lo que comentas… suena a que de hecho La Torre Oscura, o al menos sus conceptos, serían un gran agregado para la historia 😮 El único problema es la cantidad de libros que hay que leer para comprenderla por completo. He visto algunas guías que te dicen que leer y parece que sí son bastantes, pero lo pensaré, porque si suena que me podría servir. Sobre tus preguntas:

      – Lily detectó la presencia de Matilda y de Cody, utilizara a Nancy para defenderse?
      No aún 😛

      – Que pasaria si la Huérfana se cruzarse con los del Nudo Verdadero?
      Es bastante interesante que me hagas esa pregunta xD… No te puedo decir todavía porqué, pero es muy interesante….

      – Wayne sabe algo sobre la fundación de Eleven?
      No aún, pero lo sabrá en el siguiente capítulo

      Muchas gracias por tus comentarios, y me agrada ver que ya hasta estás haciendo tus teorías 🙂 Quiere decir que la historia te inspira lo suficiente para ello.

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