Fanfic Batman Family: Legacy – Capítulo 17. Mi Viejo Amigo

4 de enero del 2018

Batman Family: Legacy - Capítulo 17. Mi Viejo Amigo


Batman Family: Legacy

Wingzemon X

Capítulo 17
Mi Viejo Amigo

Lunes, 29 de julio del 2013

Hubo una época, no muy lejana de hecho, en la que Ciudad Gótica estaba acostumbrada a pasar noches como esa. Disturbios, gente corriendo asustada, delincuentes atacando indiscriminadamente negocios, vehículos y personas, y la policía haciendo todo lo posible para mantener un orden ya prácticamente inexistente. En los años de más auge del enfrentamiento entre Batman y sus ayudantes contra los principales jefes criminales de la ciudad, era muy usual que estos reaccionaran de esta forma como respuesta inmediata a sentirse acorralados. Ahora, le tocaba a los “últimos dos Señor del Crimen de Gótica” reaccionar de la misma forma; aunque fuera indirectamente, ya que los hombres de máscara y armas que causaban desastres eran parte del ejército privado de Slade Wilson, el letal mercenario Deathstroke.

No había un orden u objetivo fijo; básicamente sus hombres estaban haciendo todo el ruido que podían, con el fin de hacer que sus presas salieran de sus escondites, o al menos eso es lo que les habían indicado.

En una zona comercial del este, la gente prácticamente ya había vaciado la calle y los establecimientos. Un grupo de los atacantes se encargaron con maestría de hacerlo, lanzando disparos al aire y granadas a los vehículos. Luego de ello, se esparcieron por los alrededores, aunque dos de ellos se quedaron un rato más en esa zona, rompiendo algunos vitrales, y robando mercancías. Su atención se posó principalmente en una joyería.

—¿No será esto demasiado? —Cuestionó uno de ellos, vigilando con su arma en mano por si la policía, o alguien más, se les acercaba.

—No lo pienses demasiado —respondió su compañero, mientras tomaba todo lo que podía el aparador y se lo metía en los bolsillos—. Ya oíste al jefe, y él sabe lo que hace.

—No estoy seguro de eso. —Se percibía bastante duda en su voz; habían hecho muchas cosas nada agradables estando al servicio de Deathstroke, toda muy bien pagadas, pero ninguna como esa, y menos en una ciudad que la mayoría prefería evitar por obvias razones.

El hombre dudoso pensaba decir más, pero algo lo distrajo. Notó de pronto a alguien caminando hacia ellos tranquilamente por la calle ya sola, apenas alumbrada por los faroles. No la veía con claridad, pero parecía ser que usaba una larga capa; y en esa ciudad, eso era una muy mala señal.

—¿Y esa quién es? —Cuestionó alarmado, alzando su arma hacia ella. Su compañero, al escucharlo, se volteó hacia la calle, y también miró de inmediato a la extraña figura.

—No sé, pero Deathstroke dijo que nos encargáramos de Batman y de cualquiera de sus amiguitos si se entrometían de nuevo. Así que andando…

Rápidamente, ambos se subieron a sus motos y se dirigieron hacia ella, agitando cadenas sobre sus cabezas de forma amenazante. Sin embargo, esa persona siguió avanzando tranquilamente. De pronto, cuando ya se encontraban a medio camino de su encuentro, la extraña alzó sus manos al frente y acto seguido las motocicletas de ambos se pararon en seco, y por mera inercia ambos salieron volando por los aires, tan lejos que la pasaron de largo a cada lado, y cayeron de narices contra el pavimento.

Cuando uno de ellos intentó levantarse, la extraña figura oscura se giró sobre sí misma y le propinó una patada directa en el rostro, haciéndolo regresar al suelo. El otro sí logró pararse y sacar su pistola, pero ella se volteó rápidamente hacia él, y su arma salió volando de sus manos en cuanto posó sus ojos en ella. Y mientras el maleante intentaba comprender como es que de pronto sus manos se habían quedado vacías, ella se lanzó contra él, golpeándolo en su rostro de un puñetazo directo. Antes de que cayera, logró tomarlo del cuello de sus ropas, alzarlo y estrellarlo contra el suelo.

Luego de eso, siguió un instante de silencio y tranquilidad que la mujer aprovechó para suspirar, recobrar el aliento, y tallarse un poco su brazo derecho con un gesto de dolor. Ya no estaba acostumbrada a esas cosas, y no le avergonzaba admitirlo.

Retiró hacia atrás su capucha azul oscuro tras la que se ocultaba, revelando su cabello negro y corto, sus ojos morados, y su piel pálida. Nunca fue aficionada de usar algún tipo de máscara o antifaz que le cubriera el rostro, pero en esos momentos no le hubiera parecido tan mala idea; los problemas que traía consigo tener una identidad secreta real. Después de todo, habían pasado ya un par de años desde la última vez que la Dra. Rachel Roth, aunque ese nombre era considerablemente más reciente, se había puesto el traje de Raven, compuesto de capucha y capa azul oscuro, y un traje negro que le cubría todo le torso, brazos y piernas; antes usaba uno con las piernas descubiertas, pero ese le parecía más apropiado para su edad actual.

Ya era definitivamente muy diferente a aquella jovencita rockera y con un gusto particular por la poesía y las novelas oscuras, que había decidido usar sus particulares habilidades en favor de hacer un bien mayor. Sin embargo, siempre estaba dispuesta a hacerlo por un amigo; un amigo como Nightwing, o un “viejo amigo” como Slade Wilson.

Una vez recuperada, se acercó al segundo hombre que derribó, y se colocó de cuclillas a su lado. Acercó sus dedos blancos a su frente, y cerró unos instantes los ojos. Muchos de sus pacientes le decían que parecía como si se metiera en sus cabezas sus sesiones, y supiera exactamente lo que pensaban; no tenían ni idea de lo acertados que eran al hacer dicha afirmación. En ese momento, en su mente comenzaron a proyectarse varias imágenes consecutivas de lo que había en la memoria de aquel hombre, como el carrete de una vieja películas. Eran muchas cosas, pero se concentró con el fin de poder enfocarse en lo que le importaba. Vio a Slade, a sus hombres, vio además a Rose Wilson, su hija, y eso le sorprendió aún más. Vio a otras personas más, que más que sorprenderla, le parecieron interesantes.

Sin embargo, mientras ella estaba sumida en su lectura, el otro de los hombres se paró a sus espaldas, adolorido pero consciente. Sacó su propia arma, le quitó el seguro con mucho cuidado, y apuntó hacia su cabeza, listo para dispararle mientras no lo veía; nervioso, pero con el pulso firme.

De pronto, el casi distintivo rechinido de las llantas del batimovil se hizo presente; distintivo, al menos, para los delincuentes más longevos de Gótica. Tanto el maleante como Raven se viraron en esa dirección, enceguecidos unos momentos por las luces altas del imponente vehículo negro. Antes de que el secuaz de Slade pudiera digerir lo que ocurría, del frente del vehículo salieron disparados tres sogas metálicas, que giraron el aire y se enredaron en torno a él en piernas y torso. El hombre cayó al suelo, y un segundo después una carga eléctrica le recorrió el cuerpo entero, haciendo que se desmayara.

Raven se incorporó de nuevo, y miró con curiosidad el recién llegado vehículo. La compuerta superior se abrió, contrayéndose hacia atrás, y la figura oscura de su conductor bajó de un salto. El sólo verlo ahí, con ese atuendo, con esa capa ondeando detrás de él, el escudo de murciélago en su pecho, y con su figura oscura enmarcada por las luces frontales del vehículo… le contrajo un poco el pecho.

—Raven, ¿te encuentras bien? —Le cuestionó Batman con voz profunda y grave, mientras se le acercaba, una voz que a ella no le era tan conocida.

—Sí… —respondió, algo dudosa—. ¿Eres tú…?

—Sí, soy… —Sus palabras se interrumpieron un segundo, para que pudiera desactivar un segundo el dispositivo de voz en su máscara, y así poder hablar con su voz normal—. Sí, soy yo.

Escucharlo hablar con la voz familiar de su antiguo compañero, la hizo sentir un poco más tranquila. Era el tipo de persona a la que nada le asustaba, especialmente la idea de que un muerto se materializara justo frente a ella. Pero esa había sido una ocasión bastante especial…



—Cielos, es… —Fue incapaz de terminar su frase, pero Dick lo hizo por ella.

—Lo sé, aterrador; siempre me lo dicen.

No era la palabra que Raven tenía en mente, pero sí bastante cercana.

—Leí la mente de uno de ellos —le informó—. Máscara Negra y el Pingüino le pagaron a Slade para que se encargara de Red Hood, pero creo que todo esto fue más idea de él solo.

—Lo suponía —ironizó el hombre de negro.

—¿Por qué hacer todo esto sólo por él?

—¿Por Red Hood? Máscara Negra tiene asuntos personales con él desde hace algunos años; y el Pingüino… Bueno, él no es muy difícil de hacer enojar, y Jason es un experto en eso.

—Sí, lo recuerdo bien —comentó Rachel con un toque de hastío—. Rose también está aquí, ¿cierto?

—Sí, y no está de buen humor.

Esa no era novedad. Raven no sabía muy bien como digerir esa información. Rose y ella estaban muy lejos de considerarse amigas, pero seguía siendo una antigua compañera. No le agradaba del todo la idea de tener que enfrentarse con ella.

—¿Pudiste averiguar en dónde están Slade o ella ahora mismo?  —Le cuestionó Dick de pronto, sacándola de su cavilación.

—No, pero no deben de estar lejos.

Batman comenzó a rodear el batimovil mientras hablaban, dirigiéndose a la parte trasera de éste. Raven lo siguió unos pasos detrás.

—Red Robin se encuentra en el noreste —le explicó el encapotado—, y la policía está manteniendo el control en el centro. Yo iré a apoyar a los oficiales, pero hay también múltiples ataques por esa zona, y Red Robin ocupará refuerzos.

—Iré para allá —indicó la encapuchada sin necesidad de que se lo dijera.

—Lleva esto. —Batman se giró en ese momento hacia ella, y le extendió un pequeño comunicador circular para el oído—. Así podremos estar en contacto.

Raven tomó el comunicador, y de inmediato se lo colocó en el oído derecho.

—Y también ocuparás un transporte.

Dick accionó un interruptor en la parte trasera del batimovil, y una compuerta se abrió. Una pequeña plataforma salió del interior del vehículo, y sobre ésta se encontraba sujeta una motocicleta color morado oscuro, de carrocería brillante y aspecto deportivo. Dick había pasado rápidamente a recogerla en uno de los escondites cercanos, antes de reunirse con ella en ese punto.

Raven se acercó a la moto una vez que Batman la bajó y la colocó en el suelo. La rodeó y rozó un poco con sus dedos, inspeccionándola.

—Linda. ¿Era de Batgirl?

Sí, y lo sigue siendo —escuchó de pronto que alguien pronunciaba en su comunicador, tomándola por sorpresa—. Así que más te vale regresarla sin un rasguño.

Raven tardó un rato en reaccionar, y al hacerlo se giró hacia Dick, señalando con su dedo hacia el comunicador en su oído.

—¿Es…?

—Sí —respondió él a su vez, asintiendo.

—Hola, Oráculo —saludó Rachel con voz estoica—. Siempre es agradable saludar a viejos amigos.

Cómo sea —le contestó Bárbara, algo indiferente—. Enfóquense en resolver este problema; ustedes definitivamente tienen más experiencia lidiando con Deathstroke.

—No es algo digno de presumir —señaló Batman, justo después de cerrar la compuerta trasera del batimovil, para luego dirigirse de nuevo hacia el lado del conductor—. Nuestra prioridad son Slade y Rose; quitando a ellos del camino, sus hombres se detendrán.

Dick saltó al interior del vehículo, se acomodó en el asiento, e hizo que la compuerta superior comenzará a cerrarse.

—Ten cuidado —alcanzó a decirle la pelinegra, antes de que el auto se cerrara por completo—. Recuerda lo que hablamos el otro día.

Dick no respondió nada a ese comentario. Una vez listo el auto se alejó a toda velocidad en una dirección. Raven no tardó mucho en subirse a la motocicleta que le habían proporcionado, y dirigirse a la contraria.

— — — —

Stephanie Brown eligió el peor momento para estar afuera y lejos de su casa. Cuando el ataque comenzó, la joven se encontraba realizando algunas compras de último momento para la cena, con tal de tenerla lista para cuando su madre terminara su turno nocturno. Cuando salió de la tienda, todo era un caos. La gente corría y se empujaba en todas direcciones, y los sonidos lejanos de explosiones y disparos inundaban el aire nocturno.

Confundida, intentó correr en la dirección en la que corrían todos. Entre el forcejeo y los empujones involuntarios, su bolsa de víveres se rompió y estos terminaron en el suelo, y posteriormente aplastados por las personas.

—¡Maldición! ¡No!, ¡esperen!

Logró con mucho esfuerzo rescatar un par de tomates, pero estos se zafaron de sus manos al ser empujada por otra persona, y terminaron hechos puré en la banqueta.

No tuvo mucho tiempo para lamentarse. Su teléfono sonó un rato después, y como pudo lo respondió. Se trataba su madre, notablemente alterada tras haber visto las noticias en la televisión de la sala de espera del hospital. Stephanie intentaba decirle que estaba bien, y que iba directo a la casa. Sin embargo, todo el ruido le impedía ser escuchada con claridad.

Stephanie siguió avanzando entre la multitud con el teléfono en mano, lo cual a la larga resultó ser una mala idea. Se escuchó de pronto una explosión, mucho más cercana, y fue seguida de varios gritos. La multitud se convirtió en estampida, y Stephanie fue arrastrada con la ola de gente. Cayó al suelo, y por unos momentos pensó que ahí moriría; hasta ahí llegaría la corta vida de Stephanie Brown, tirada en la acera, pisoteada por decenas de personas asustadas. Ella no fue la que terminó así, pero sí su celular, que se soltó de sus manos y rodó por la banqueta unos metros. Impotente vio como fue pateado por varios pies, y luego pisoteado por varios otros.

—¡No! ¡No puede ser!

Se le quiso acercar para recogerlo, pero se dio cuenta de que era tarde: estaba roto por la mitad.

—¡Maldita cosa barata! —Exclamó frustrada y realmente enojada; de haber podido, hubiera golpeado al primer incauto que se atreviera a acercársele. Por suerte, su instinto de supervivencia pudo más.

Se arrastró como pudo hacia un callejón cercano, y se resguardó ahí hasta que toda la gente se disipó. Se sentó el suelo con su espalda contra la pared, e intentó tranquilizare a duras penas.

—Todos han perdido la cabeza —se dijo a sí misma entre respiros alterados—. Tranquila Stephanie, tranquila… Piensa rápido. Tienes que llegar a casa pronto…

Las sirenas cercanas de un coche patrulla la distrajeron de sus cavilaciones. El coche se estacionó a una muy corta distancia del callejón, y los dos oficiales abordo se bajaron de inmediato, comenzando a disparar mientras se protegían detrás de las puertas del vehículo. El primer instinto de Stephanie fue ocultarse, pero el segundo fue asomarse un poco para ver qué ocurría. Había hombres armados y con máscara al otro lado de la calle y arremetían en contra de los oficiales sin miramientos. ¿Eran ellos los causantes de tanto alboroto?, apostaría a que sí.

De pronto, uno de esos extraños sujetos apareció desde atrás de ella por el callejón y la sujetó con fuerza con un brazo. Stephanie gritó y forcejeó, pero aquel individuo pegó de pronto el cañón de su pistola contra su cabeza, obligándola a quedarse quieta.

—¡Alto ahí, amigos! —Le gritó el maleante a los policías, arrastrando a Stephanie fuera del callejón—. ¡Bajen sus armas o le destapo la cabeza a la rubia!

Los policías vieron alarmados esta escena. Se miraron entre ellos unos instantes, y luego, dudosos, bajaron sus armas. Apenas y se habían vuelto a erguir justo después de dejar las armas en el asfalto, cuando cada uno recibió un disparo directo de otros de los atacantes, y cayeron al instante abatidos al suelo.

—¡No! —exclamó Stephanie atónita, y rápidamente desvió su mirada a otro lado, cerrando sus ojos con fuerza.



Todo se volvió abrumadoramente silencioso una vez que el eco de los últimos disparos se disipo, y sólo hasta entonces Stephanie se dio cuenta de lo desolada que había quedado la calle. Todos aquellos que hace unos momentos estaban huyendo y gritando, se habían desvanecido. Sólo quedaban ella, y esos individuos.

Notó entonces como reían complacidos por lo que seguramente consideraban una hazaña, y algunos de ellos se aceraron a los oficiales caídos, para quitarles sus armas y radios, y verificar que en efecto estuvieran muertos.

—Llevémosla con nosotros —sugirió uno de maleantes, mirándola fijamente a través de los orificios de su máscara—. Creo que nos sería de utilidad.

—Y si no, yo le encontraré alguna —agregó otro con malicia en su tono; esto alarmó aún más a la jovencita.

—No seas asqueroso —le reprimió uno de sus compañeros, empujándolo con su rifle de asalto hacia un lado—. Es sólo una niña.

—Cálmate, santurrón. Yo creo que está ya bastante lejos de ser una niña…

Le recorrió el cuerpo de los pies a la cabeza con la mirada, de una forma nada disimulada, ni siquiera por el hecho de usar máscara. Algunos no parecían estar de acuerdo con sus intenciones, pero otros no parecían del todo peleados con ellas. Se enfrascaron tanto en su conversación, que Stephanie vio en ello una oportunidad. Pisó entonces con todas sus fuerzas el pie de su captor, seguido inmediatamente por un codazo con su abdomen. En cuanto el hombre se encogió en sí mismo y aflojó su agarre, ella aprovechó para empujarlo hacia un lado, soltarse y salir corriendo con todas sus fuerzas por la banqueta.

Otro de ellos, más por instinto que otra cosa, alzó su pistola, apuntándola con ella con la clara intención de meterle una bala en el centro de la espalda. Por suerte para Stephanie, éste no tuvo la oportunidad de hacerlo, ya que un instante antes alrededor de cinco bumerangs rojos y amarillos volaron hacia ellos, golpeando a dos en sus muñecas para que soltaran sus armas, a dos más en sus cabezas, y a un quinto en su pierna, derribándolo.

Stephanie se detuvo en seco, y se viró un instante hacia atrás, sólo para ver como una motocicleta volaba justo sobre las cabezas de los maleantes, y caía del otro lado de la calle, prácticamente a un lado de ella. El ocupante de dicha moto salió disparado del asiento como si hubiera sido lanzado por una catapulta, alzándose en el aire, y luego descendiendo directo al grupo de atacantes. Estrelló sus rodillas justo contra los hombros de uno, luego dio una maroma hacia atrás, y se puso en la posición adecuada por atacar a otro directo en el estómago, y derribar a otro más barriéndole los pies.

Aquellos que pudieron reaccionar, y aún tenían un arma en sus manos, le dispararon sin espera. El chico de atuendo negro y rojo, y que aún usaba el casco rojo para motocicleta, se giró y se cubrió de las balas con su capa en forma de alas de ave, que a pesar de su apariencia flexible parecía ser lo suficientemente resistente para bloquear los disparos. Stephanie, por su lado, se ocultó detrás de un auto de cualquier bala perdida, en lugar de salir corriendo. De cierta forma, se sentía fascinada por tal espectáculo. Había vivo toda su vida en Gótica, pero seguía siendo igual de emocionante en cada ocasión ver a Batman y a sus asociados en acción.

Cuando los atacantes se quedaron sin balas, y antes de que pudieran recargar, el chico activó un dispositivo en su cinturón que creó un campo magnético que le arrebató las armas de las manos a los que tenía más cerca de él. Luego de eso, se les lanzó encima, extendiendo su vara de metal. Giró su arma con sus manos, y luego le acertó un golpe directo en su rostro a uno de ellos, luego otro más al que estaba a su lado. No tardó mucho en dejar a todos fuera de acción, y que estos quedaran tirados en el suelo, inmóviles.

Sólo hasta entonces, se dio un segundo para detenerse y respirar. Le hubiera gustado decir que fue un momento de relajación, pero no fue así, pues su atención se centró entonces en los oficiales caídos a un lado de su patrulla. Se irguió de nuevo, enfurecido enormemente por tal escena.

—Viene a mi ciudad a crear todo este caos como si fuera cualquier cosa —masculló con frustración, apretando su arma entre sus dedos—. Esto me la vas a pagar, Deathstroke…

Se quitó al fin su casco, dejando al descubierto su cabello negro corto, y antifaz rojizo. ¿Realmente valía la pena hacer todo eso por… cuánto? ¿Unos cuántos millones? ¿Cuánto valía la vida de la gente y su seguridad para estos individuos?

—¡Eso fue increíble! —Escuchó de pronto que alguien pronunciaba a sus espaldas, obligándolo a girarse y colocarse en posición defensiva. Se pudo relajar un poco, sin embargo, al ver quién era y al reconocerla. Tuvo que disimular lo más posible su asombro al ver a Stephanie dirigirse hacia él con una gran sonrisa—. Eres increíble, Robin. ¡Los hiciste polvo!

La voz de la joven rubia estaba llena de una contagiosa emoción.

—Es Red Robin —le corrigió el chico, sin proponérselo realmente; simplemente se le había salido de la boca por sí solo.

—Ah sí, lo siento; siempre lo olvido —Se disculpó Stephanie, con una sonrisa nerviosa—. ¿Te acuerdas de mí? Soy Stephanie, Stephanie Brown; creo que Batman y tú atraparon a mi padre.

—Ah sí, creo que sí… Lo siento.

—Descuida, estoy mucho mejor sin él…

Miró en ese momento sobre el hombro del héroe de antifaz a los hombres caídos con máscara, y también a los oficiales; eso le quito paulatinamente su sonrisa del rostro.

—Fue mi culpa… de no haber estado aquí, o de haber corrido como los otros…

—Oye, descuida —se apresuró a pronunciar Red Robin, colocando una mano confidente sobre el hombro de la chica—. Deja que yo me encargue. Ve a un lugar…

—Tú no eres el rojo al que estoy buscando —Escuchó de golpe una tercera voz presente en el lugar, y ésta realmente no era conocida.

Tim se colocó de inmediato frente a Stephanie, cubriéndola de forma protectora. Logró distinguir quien le hablaba sin mucha dificultad: una figura femenina, de cabello largo ondeante, parada en el techo de un camión  al otro lado de la calle, y sujetando en sus manos dos espadas cortas desenfundadas. En un parpadeo, un grupo más numeroso de hombres con máscara y armas la acompañó, saliendo de los callejones aledaños y comenzando a rodearlos.

—Oh, genial… —soltó sarcástico al ver el panorama, aunque no preocupado.

La figura que había hablado bajó del camión de un salto, cayendo en el asfalto junto con el resto de los maleantes. Al hacerlo, logró ser alumbrada por las luces mercuriales.

—¿Dónde está Red Hood? —Cuestionó con ímpetu la mujer joven de cabello blanco, y una máscara que sólo dejaba a la vista su ojo derecho.

—¿Parezco su mamá? —Le respondió Red Robin con tono juguetón—. Tú debes ser Rose, ¿no?

La mercenaria chisteó con enojo, y algo de fastidio.

—Odio que desconocidos me llamen por mi nombre de pila. ¿Cómo lo sabes, además? ¿Acaso Nightwing anda por aquí?

Ese cuestionamiento puso ligeramente nervioso al muchacho, pero se recuperó casi de inmediato.

—¿Nightwing? No, ¿qué va?; a ese idiota no lo he visto por aquí en un buen rato.

¿A quién le dices idiota? —Escuchó la voz de Batman pronunciar en su comunicador, pero decidió ignorarlo.

—Da igual —culminó Ravager, e inmediatamente después alzo sus espadas delante de ella—. Mi padre dijo que hiciéramos lo que quisiéramos contigo y con Batman. Así que si quieren detener esta locura, sólo entréguenos a Red Hood; es todo lo que queremos.

—Amiga, si te dijera lo mucho que me encantaría entregarles a ese otro idiota cómo piden —respondió Red Robin, y él también sostuvo su arma delante de él; Stephanie, por su lado, observaba todo con curiosidad desde detrás de Tim—. Pero Batman no aprobaría eso… de ninguna manera…



Por supuesto, el nuevo Batman no lo aprobaría; pero el que le importaba él, y a quien se refería, no era al nuevo, sino el anterior…

—Cómo quieras. ¡No se metan! —Les gritó a los demás hombres que la acompañaban, tomándolos un poco sorpresa—. Este pajarito es mío…

Tomó sus armas con firmeza, y plantó ambos pies en el suelo, adoptando una postura de más amenazante. Con sólo verla, Red Robin logró darse cuenta de que no era una simple aficionada.

—Tu amigo de máscara roja me hizo enojar enormemente; tengo tanta rabia, ¡qué no me quejaría de desquitarla con alguien más!

Como león al acecho, Ravager se le lanzó a ataque, girando sus espadas en sus manos con violencia.

Ten cuidado, Tim —Escuchó que pronunciaba Dick en su comunicador—. Rose es una luchadora de cuidado, no te confíes.

—¡Nunca lo hago! ¡Ponte a salvo! —Le ordenó a Stephanie, e igualmente corrió al encuentro de su nueva contrincante. Stephanie obedeció, retrocediendo de nuevo hacia detrás del auto, pero sin alejarse demasiado; su fascinación seguía superando a su miedo.

— — — —

Mientras Red Robin enfrentaba a Ravager en el Noreste, Batman se dirigió con el Batimovil al centro, en dónde había relativamente más movimiento. En aquel punto, un gran número de policías se encontraba enfrentándose de frente contra un gran número de los hombres de Slade, disparándose o incluso agarrándose a golpes directamente de frente si era necesario. Parecía el escenario de alguna película de guerra, pero tristemente era algo bastante real.

El vehículo negro del protector de Gótica se abrió paso, y disparando más sogas inmovilizadoras como las que había usado antes, dejó fuera de combate a varios de los atacantes en su camino. Luego de ello, se paró justo en medio del corazón de la conmoción, obligando a que ambos bandos cesaran el fuego por unos instantes. La imponente figura del Hombre Murciélago se elevó en el aire de pronto, como un ser sobrenatural surgiendo de las fauces del mismo abismo. Estando suspendido sobre sus cabezas, soltó varias bombas de humo hacia el lado de los maleantes. Éstas explotaron, y todos quedaron enceguecidos por unos instantes tras la densa nube de humo blanco. El encapotado aprovechó esto para descender, y entre toda la conmoción desarmar, golpear y dejar fuera de servicio a todos ellos.

La policía sólo escuchaba los gritos y disparos desde su posición. Para cuando el humo se disipó, sólo vieron la figura oscura de Batman de pie, y a todos los demás tirados en el suelo. Era difícil determinar si era una imagen alentadora, o perturbadora; quizás ambas a la vez.

Los oficiales se movilizaron de inmediato a atrapar a los hombres caídos, sacándole la vuelta, algunos con miedo, al héroe de negro mientras éste avanzaba de regreso a su vehículo.

—¡Batman! —Escuchó que alguien le llamaba a su lado, y pudo ver de reojo al Comisionado Gordon, con chaleco antibalas y megáfono en la mano, acercándose a él.

“Grandioso…”, pensó Dick para sí mismo, frustrado. No era que le desagradara ver al Comisionado, pero hacerlo vestido de Batman no le resultaba precisamente muy agradable.

Gordon se le aproximó, y caminó a su lado mientras avanzaba.

—¿De qué se trata todo esto? Parece como si estuviéramos en zona de guerra.

—Parece que ganó un equipo de Hockey favorito —respondió Dick a su vez, haciendo que su comentario se oyera aún más serio de lo que era debido a su modificador de voz.

—Divertido, ¿ahora eres comediante? —Comentó James, sarcástico—. Reconozco las máscaras, son hombres de Slade Wilson, ¿no? ¿Qué tiene ese mercenario contra Gótica?

—Él no tiene nada, fueron el Pingüino y Máscara Negra quienes lo contrataron para hacer todo esto.

—Aguarda, aguarda —el Comisionado tuvo que detenerse un instante para digerirlo—. ¿Me estás diciendo que esos dos están trabajando juntos? ¿Cómo es eso posible si hace unos días se estaban atacando mutuamente?

La confusión del comisionado era más que aceptable. Él quería contarle todo el detalle, pero sería difícil que entendiera de buena manera el hecho de que todo esto era culpa de Red Hood, especialmente luego de que le había asegurado que él mismo se encargaría de ese asunto; algo que, evidentemente, no había podido cumplir del todo.

Iba a responderle algo, de seguro algo cortante como que él se encargaría; algo que sonara seguro y frío como sólo Bruce podía ser. Sin embargo, en ese momento una detonación, seguida de un silbido cortando el aire, rompió la aparente calma. El sensor interno de la máscara le indicó la aproximación de un proyectil, y sólo tuvo unos segundos para reaccionar, tomar al comisionado y hacer que se tiraran al suelo para esquivar el proyectil que pasó a centímetros de ellos, siguió de largo, y penetró en una tienda, explotando en su interior. Los vitrales, la puerta, y parte de la fachada volaron en pedazos por los aires.

En un parpadeo, un grupo más numeroso de los atacantes apareció por la calle, uno de ellos cargando una bazuca recién disparada. Tomaron por sorpresa a los policías, que intentaron responder lo antes posible. Batman tomó a Jim y lo jaló hacia atrás de un vehículo para resguardarse de la inminente lluvia de balas.

—Debes de dejar de exponerte en el campo, Jim —señaló Batman, una vez que estaban seguros.

—No creas que no lo he considerado —le respondió el hombre de bigote, asomándose sobre el cofre del vehículo con su arma en mano, y disparando hacia los recién llegados.

Batman salió de detrás del vehículo y se lanzó de inmediato hacia los hombres, empezando a repelerlos con sus puños y armas. Eran muchos, pero no tantos como podrían haber sido. De seguros varios ya habían estado fuera de combate por obra de Red Hood y suya en el barco.

Dick, según los últimos reportes, la gran mayoría de los ataques aislados se han calmado —escuchó que Bárbara le indicaba en su comunicador mientras peleaba—. Ahora la mayoría de los avistamientos se concentran en dos puntos.

—Déjame adivinar, éste es uno de ellos.

Sí, y el otro en el noreste, dónde se encuentra Tim y hacia dónde se dirige Raven.

Luego de golpear a uno de los hombres y dejarlo en el suelo, Dick tuvo un pensamiento fugaz. Miró con detenimiento a su alrededor, como buscando algo… o a alguien.

—Rose está en el noreste —indicó—. Debe de estar liderando al otro grupo. Si el segundo grupo está aquí…

Deben de estar siendo dirigidos por Slade —concluyó Bárbara con el mismo pensamiento que él estaba teniendo.

—Revisa las cámaras aledañas y busca cualquier rastro de él en los alrededores.

Enseguida.

Con toda la velocidad que sólo ella era capaz de lograr, Bárbara entró al sistema de seguridad de tráfico de la ciudad, cámaras de seguridad de negocios y bancos cercanos, hasta cámaras de celulares y de la prensa. Luego corrió un programa para detectar cualquier patrón en todas las imágenes que pasaban. No era muy sencillo considerando que todos los hombres de Slade usaban máscaras similares a él; quizás por ese motivo lo hacían. Pero con la búsqueda y paciencia adecuada, todo rinde frutos, y su búsqueda también: logró divisar una imagen que concordaba en un 96% con su objetivo, y eso era bastante.

¡Lo tengo! En la terraza del Banco de Ciudad Gótica en la Quinta, a dos calles de dónde te encuentras.

Dick viró a todas direcciones hasta ubicar el edificio correspondiente. Sin dudarlo dos veces, sacó su gancho para sujetarse de uno rascacielos cercanos y elevarse por los aires lo más alto posible por encima de todas las cabezas que luchaban en la calle. Se balanceó hacia adelante y tomó el impulso suficiente para expandir su capa y así planear hacia el frente la distancia suficiente para poder divisar la terraza del banco. Con su visión nocturna, detectó tres figuras de pie ahí; dos de ellas vigilando hacia la pelea en la calle… y otra mirando fijamente hacia él.

Decidido, se dejó caer de picada hacia ese sitio, cayendo de golpe sobre uno de ellos, y derribándolo. El segundo, alarmado por su repentina presencia, intentó golpearlo, pero Dick logró repelerlo, y lanzarlo por el tejado hasta un contenedor de basura en el callejón mientras gritaba histérico. El tercero, sin embargo, permaneció tranquilo en su lugar; y era precisamente la persona que estaba buscando.

—Ya era hora que aparecieras —Murmuró la imponente figura de Slade, con sus brazos atrás de su espalda y porte firme—. ¿Ves todo lo que me orillaste a hacer?

El mercenario extendió su mano hacia un lado, apuntando con ella a los disturbios debajo de ellos.

—¿Realmente haces todo este escándalo y caos sólo por una recompensa? —Le recriminó con marcado enojo—. Te imaginaba con más clase, Slade.

Una sonora y algo ególatra risa surgió desde el interior de su máscara. Acercó entonces su mano derecha a la nueva espada que traía consigo en su espalda, y la sacó de un tirón, cortando el aire con el delgado filo.

—La “recompensa”, ya pasó a segundo lugar desde hace tiempo —le informó con soberbia—. En realidad, mi principal interés era hacerte salir de tu cueva para poder seguir jugando, mi viejo amigo… Nightwing…



Dick se sobresaltó un poco, y aunque su máscara de seguro le ayudaba bastante a disimular, su asombro era tan intenso que igual un poco de él debió de haberse escapado hacia el exterior sin que pudiera evitarlo.

— — — —

—Oh, no… —Exclamó Bárbara, estupefacta al escuchar por el comunicador de Dick tan inquietante afirmación. A diferencia de él, ella no tenía por qué disimular su reacción, y en efecto no lo hizo.

—¿Qué ocurre, señorita Bárbara? —Escuchó a Alfred preguntar a sus espaldas; éste se encontraba de pie a menos de un metro de su silla frente a la Computadora de la Cueva.

Bárbara se retiró unos momentos sus anteojos, y se talló sus ojos con las yemas de los dedos.

—Dick tenía razón —indicó le Informática—. Deathstroke se dio cuenta de quién es en realidad. Maldición…

Se pasó su mano derecha entera por el rostro, y se tomó entonces sólo un segundo para barajear sus opciones. La ventaja que tenían era que Deathstroke no se había parado en Gótica en ya varios años, y Dick había dejado de aparecer públicamente como Nightwing casi al mismo tiempo. Aunque supiera, o sospechara, que quien estaba debajo de esa máscara era la persona que él conocía como Nightwing, no tenía forma de saber hace que tanto tiempo lo era; al menos, no de momento. Sin embargo, si compartía esas sospechas con alguien más, como el Pingüino o Máscara Negra, ellos quizás pudieran llegar a una conclusión mucho más exacta.

El verdadero peligro era que alguien de alguna forma ligara el cambio de Batman con la muerte de Bruce. Era poco probable, pero no imposible… Y si lo hacían, las cosas se complicarían hasta la estratosfera.

Se viró un poco hacia Alfred, aunque en realidad lo hacía en dirección al área médica de la cueva. Sobre la mesa de curación, lograba ver a Jason tendido, con la mitad del cuerpo descubierto, y un grueso vendaje en la mitad de su torso.

—¿Cómo está? —Inquirió entre preocupada y distraída.

—Estable —respondió Alfred con solemnidad—. Pero el calmante que le apliqué aún lo mantendrá dormido por un rato más.

—Es mejor así —señaló la pelirroja, volviéndose entonces de regreso al monitor—. Bajo esta situación, creo que de momento nos es mejor tenerlo dormido que despierto.

Alfred no dijo nada para refutar tal afirmación. Sin embargo, él tenía una opinión diferente al respecto.

— — — —

Dick no respondió nada de inmediato a la casi acusación de Slade. No tanto por no saber qué responder, sino más bien porque supuso que esa era el tipo de reacción que hubiera tenido Bruce: no reaccionar, no darle ninguna muestra tangible a su contrincante de importancia o satisfacción. Quizás no precisamente así, pero sí algo aproximado. Pero igual no era necesario que lo hiciera; Slade ya estaba prácticamente seguro de ello.

—Eres Nightwing, ¿no es cierto? —Añadió el mercenario a su afirmación anterior, pero Dick siguió calmado; lo más calmado que le era posible estar—. No me di cuenta en un inicio, pero luego de pensarlo por un rato se volvió bastante claro. Esa manera de moverte, me trajo muchos viejos recuerdos…

Giró su espada en el aire, comenzando a caminar alrededor de él, manteniendo su distancia. Batman lo siguió con la mirada, pero también girando su cuerpo al mismo ritmo que él avanzaba, estando listo para cualquier ataque.

—No sé de qué estás hablando —soltó de pronto con la estoica y agresiva voz de Bruce.

Slade volvió a reír.

—No, claro que no —murmuró sarcástico—. Relájate, estás en confianza; somos amigos después de todo, ¿no? A decir verdad, no me sorprende o extraña tanto el hecho de que estés remplazando a Batman; es más fuerte la curiosidad de saber “¿por qué?”, y “¿Desde cuándo?”

Slade se detuvo, y bajó su arma, sosteniendo la punta de la hoja en dirección al suelo.

—La última vez que supe algo de Nightwing fue hace tres años. ¿Acaso desde entonces eres el nuevo Batman?

Dick siguió en silencio, aunque comenzó a pensar si su silencio no era más incriminatorio que sus palabras.

—Si lo que quieres es enfrentarme, detén esto ahora —le sentenció con dureza, alzando la voz.

—No te sientas tan importante, muchacho —contestó el mercenario, moviendo la espada delante de él de un lado a otro en señal de “no”—. Quería que salieras, sí; pero aún quiero mi recompensa. Detendré todo esto en cuanto me entregues al Rojo.

—Sabes que no lo haré.

—Claro que no lo harás; ¡te perdería todo el respeto si lo hicieras!

Acompañado de ese grito de batalla, se lanzó contra él, jalando su arma hacia atrás y luego hacia adelante. Dick esquivó el primero de los ataques, y el segundo, y el tercero. Sin embargo, el cuarto lo golpeó directo a la altura de la frente. Y aunque su máscara lo protegió, el golpe fue tal que lo empujó hacia atrás, derribándolo de la azotea del edificio. Aunque al último momento logró sacar su gancho para sujetarse y amortiguar y un poco la caída, igual terminó azotando contra la banqueta de espaldas.

Slade avanzó hasta pararse en la cornisa, y mirarlo hacia abajo con superioridad.

—Ese traje al parecer te queda grande, Nightwing —perjuró con ímpetu—. ¡Será una decepción acabar contigo en él!

Se lanzó con violencia al frente, con su espada hacia abajo, apuntando directo a su pecho…

FIN DEL CAPITULO 17

Notas del Autor:

Creo que la principal aclaración que necesita este capítulo, es con respecto a Raven. Como recordaran (de nuevo), en el primer capítulo mencioné que:

“En esta Línea Alterna intentaré mantener los aspectos sobrenaturales o mágicos, así como los súper poderes, a un nivel moderado. No quiero decir que no vaya a haber personajes con habilidades especiales, pero no serán muchos, y dichas habilidades no serán muy exageradas. Esto incluye a villanos y otros héroes.”

Y soy un hombre de palabra, así que las habilidades de Raven son un poco… más sencillas, principalmente enfocándonos en habilidades psíquicas y físicas, y omitiendo de momento su vuelo (por eso necesita una motocicleta) y magia. Ahora sí, lo sé, esto a muchos posiblemente les podría llegar a molestar pues es una adaptación bastante libre del personaje (incluyendo un poco su personalidad), pero fue principalmente para mantenerla acorde al tono que la historia ha tenido hasta ahora.

Y muchos podrían decirme: “¿Para qué la pusiste entonces?” Bueno, ¿qué era más normal? ¿O una chica con habilidades psíquicas o una extraterrestre con piel naranja? “Podrías haber puesto a alguien más o a nadie”. Sí, podría… pero ya es muy tarde, así que no lo cuestionen, ¡sólo gócenlo!

Si hay alguna otra pregunta o queja al respecto, los invito a dejarlo en los comentarios.

Pero bueno, este capítulo quizás fue algo corto, y fue más preparación de pelea que pelea en sí. Veamos cómo nos va en los siguientes.

¡Hasta la próxima!

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Batman Family: Legacy. Ciudad Gótica se encuentra de luto. Bruce Wayne, una de sus figuras más emblemáticas e influyentes, ha fallecido repentinamente, dejando detrás de él un importante y secreto legado que ahora recaerá en hombros de sus jóvenes sucesores: Barbara, Tim, Jason y, especialmente, Dick, quien acaba de descubrir que su antiguo mentor le ha dejado la más inesperada de las herencias. ¿Aceptará el joven Grayson la nueva responsabilidad que se le ha encomendado? ¿Tendrá lo que necesita para mantener a la Familia unida sin Bruce, y combatir las amenazas que vengan de aquí en adelante? ¿Y cómo reaccionará el resto de Gótica a esto?

+ “Batman” © Bob Kane, DC Comics, Warners Bros. Enternaiment.

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