Fanfic Invierno Eterno – Capítulo 05. ¿Quién eres?

5 de diciembre del 2017

Invierno Eterno - Capítulo 05. ¿Quién eres?


Invierno Eterno

Por
WingzemonX & Denisse-chan

Capítulo 05.
¿Quién eres?

El cumpleaños número diecinueve de Rapunzel realmente no estaba saliendo para nada como a ella le hubiera gustado. ¿Era mucho pedir sólo tener una noche tranquila, cocinar y comer un pastel, relajarse y que todo el mundo la dejara tranquila? Y aún mejor: ¿que ese extraño chico de cabello blanco se mantuviera lejos de ella y de su casa? Aparentemente así era, pues ahora ese sujeto estaba justo en su ventana, dejando que todo el aire frío del exterior penetrara por ésta, junto con algo de nieve.

Una vez que logró recuperarse de su sorpresa inicial, su rostro comenzó a endurecerse y cubrirse de enojo, y entonces se paró de un salto del suelo, encarando a su invasor de frente con firmeza.

—¡¿Qué haces ahora en mi casa?! —Le gritó furiosa—. ¡¿Estás siguiéndome?!

—¿Siguiéndote? —Espetó el albino, entre sorprendido y ofendido por la acusación—. Nada de eso. Yo sólo…

—¡No!, ¡no quiero oírte! —Interrumpió abruptamente, señalándolo con su dedo de forma acusadora—. No sé quién eres, qué eres o qué quieres, ¡pero hoy fue un día muy duro para mí! Estuve ayudando en la clínica a toda la gente que llegó con enfermedades a causa del clima; sonreí y reí para ellos, con toda mi energía para intentar animarlos. —Al tiempo que hablaba, comenzó a caminar de un lado a otro; el chico en la ventana, sólo lo seguía con su mirada, en silencio—. Trapeé, sacudí, barrí, preparé comida, y al terminar mi turno me dirigí tranquilamente para mi casa sin meterme con nadie. ¡Pero antes de llegar a mi casa apareciste tú! Un chico extraño que llegó volando como si fuera cualquier cosa, me ignoró cuando le hablé, me dijo cosas hirientes pensando que no lo estaba escuchando; y cuando intenté que me respondiera, ¡se fue volando de nuevo haciéndome ver como una loca cuando el loco es él!

Se detuvo de golpe, y se giró de nuevo hacia él, con sus ojos a punto de soltar lágrimas de frustración y enojo; esa imagen dejó a Jack muy impresionado.

—¡Hoy es mi cumpleaños! —Exclamó con su voz entrecortada—. Y estoy confundida, triste y enojada. Así que si viniste aquí para seguir diciéndome cosas que me harán quedar como una lunática —señaló de golpe hacia afuera—, ¡puedes irte ahora mismo por donde llegaste!

El chico la miraba algo extrañado tras haber escuchado todo ese extenso discurso, que culminó con esa “agradable” petición para que se retirara. Se quedó quieto unos segundos, hasta que estuvo seguro de que ya hubiera terminado de hablar.

—De acuerdo…. —murmuró, algo inseguro—. Supongo que eso significa que sigues viéndome… —Miró entonces de reojo hacia un lado—. Y creo que algo se quema en tu horno.

Rapunzel se había quedado casi congelada en la posición de señalar hacia afuera, hasta que el singular olorcillo a quemado le llegó a la nariz, acompañada de dicho señalamiento por parte del extraño.

—¡Mi pastel! ¡No!, ¡no!, ¡no!, ¡no!

Corrió apresurada hacia la cocina, olvidándose por unos instantes de la incómoda intromisión del chico volador en su hogar. Al abrir el horno, el humo comenzó a salir del interior e inundó la cocina, provocándole una fuerte tos. Sacó el pastel con ayuda de una toalla y lo dejó sobre la mesa. Al echarle un vistazo, su estado fue más que claro para ella.

—Se quemó todo… —murmuró con pesadez entre tosido y tosido, mientras agitaba la toalla para dispersar el humo.

A pesar de la muy expresa petición por parte de la dueña de la casa para que se retirara, el chico de la ventana no le obedeció. De hecho, en su lugar, ingresó a la cabaña e un saltito, apoyando sus pies descalzos sobre el suelo de madera.

—Escucha, ¿qué más quisiera que irme y dejarte sola?; pero no puedo hacerlo —le decía desde la estancia, con la suficiente fuerza para que ella lo escuchara en la cocina; aunque, realmente, no ocupaba mucho, pues la cabaña no era tan grande en realidad—. Creo que empezamos con el pie izquierdo. Déjame presentarme: yo me llamo Jack Frost. ¿Y tú dijiste que eras… Rábano… algo…?

Sintió en ese momento que algo pinchaba su pie. Al bajar la mirada, se encontró a Pascal, mirándolo con molestia, con los brazos cruzados, y su cola señalando a la ventana.

—Oye… creo que se te metió una lagartija a la casa —mencionó confundido, y entonces empujó al animalito un poco con su bastón hacia un lado.

—¡Mi nombre es Rapunzel! —Gritó la castaña desde la cocina—. Él es Pascal, ¡y no es una lagartija!, ¡es un camaleón!

—Claro, un camaleón, sí —murmuró confundido, apoyando su bastón en el hombro—. Algunos tienen perros y gatos como mascotas; ¿por qué no camaleones?

—¡¿Y por qué no te has ido de mi casa?! —Gritó Rapunzel furiosa, entrando de nuevo en la estancia con manchas negras de humo en toda la cara. Jack intentó no reír por tal imagen, aunque sus intentos no fueron precisamente muy discretos.

—Necesito hablar contigo de varias cosas, y no sé ni por dónde empezar. Cómo porqué puedes verme, quién eres realmente, o…

Los ojos azules del albino se tornaron serios, provocándole un pequeño respingo a la dueña de la casa. Rápidamente, Jack tomó su bastón una mano, lo giró y lo pasó con el mismo movimiento a la otra, y entonces señaló con la punta de éste hacia la ventana; o, más bien, hacia el cielo nublado que se veía por ella.

—¿Tú hiciste eso? —Inquirió con firmeza—. Lo del cielo… ¿Tú lo despejaste?

Rapunzel fue incapaz de ocultar su impresión ante tal cuestionamiento. Sus ojos verdes se llenaron de algo bastante parecido a miedo, y su cuerpo entero se tensó. Por varios segundos, sólo hubo silencio, hasta que la castaña logró reaccionar. Sin embargo, dicha reacción fue básicamente un ceño fruncido, acompañado de un completo aire de enojo, incluso mayor al que ya tenía con anterioridad. Jack no fue ignorante de dicho cambio.

Sin decir nada, la joven regresó caminando a la cocina, dejándolo solo con Pascal. Después de unos momentos regresó, pero ahora con una gran sartén negra en la mano. Se paró firme delante de él, palmeando la parte inferior del instrumento de cocina con su otra mano, sin quitarle su mirada casi asesina de encima.

—¿Eso es un sartén? —Cuestionó Jack, confundido por tan curiosa imagen.

—¿Tendré que sacarte a la fuerza, Jack? —Gruñó Rapunzel, haciendo énfasis en su recién revelado nombre.

La ceja derecha de Jack se arqueó, intrigado. No ayudó mucho a su confusión que Pascal se subiera a la mesa, y lo mirara acusador.

—¿Me estás amenazando con un sartén? —Sonrió divertido el albino—. Lo siento, pero tendrás que esforzarte más que eso.

Rapunzel se fue enojando más y más conforme él hablaba.

Y de repente, lo único que se oyó fue un estruendoso ¡Twak!, de algo metálico pegándole a algo hueco.

—¡¡Aaaaaaaaaaaaah!! —Exclamó el albino con dolor tras el golpe en la cabeza con el sartén,  mismo que lo hizo caer de sentón al suelo y soltar su bastón. Llevó sus dos manos a su cabeza, empezando a gemir adolorido—. ¡Auh!, ¡auh!, ¡¡auh!! ¡Eso me dolió…!

Aparentemente diría algo más, pero en su lugar calló de golpe, y sus ojos se abrieron estupefactos.

—¿Eso… me dolió…? —Masculló confundido—. ¡¿Cómo es que…?!

Alzó su cabeza rápidamente hacia ella, pero antes de que pudiera terminar su frase, recibió otro golpe del sartén en manos de la castaña, pero esta vez directo en su cara.

Lo último que recordaría sería el sonido hueco del acero, y después, todo negro.

— — — —

No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, pero al parecer fue el suficiente para que una delgada capa de nieve se formara en su cabello y pecho. Ya no se encontraba en el interior de la cabaña, sino tirado en el suelo boca abajo, justo afuera de ésta; su bastón yacía igualmente en el suelo, a un par de metros de él.

Desconcertado, adolorido y perdido, se sentó poco a poco en el piso, con una mano aún aferrada a su cabeza. Cuando le fue posible, miró a su alrededor para cerciorarse de dónde se encontraba realmente. Al inicio se sintió desorientado, hasta que logró divisar la cabaña justo a sus espaldas.

—Grandioso —soltó como un alarido, y justo después comenzó a pararse como le fue posible, apoyándose también en su recién recuperado bastón—. Un sartén… el gran Jack Frost derrotado por un sartén.

Se aproximó a la cabaña, notando las ventanas cerradas, y suponía que ahora con seguro por dentro. De todas formas, no es como si tuviera pensado intentar entrar por ahí otra vez. En su lugar, se dirigió a la puerta y comenzó a tocar con insistencia.

—¡Oye!, ¡¿qué clase de persona golpea a la gente con un sartén?! ¿Eres algún tipo de lunática?

—¡Lo dice el chico que vuela por ahí como si fuera el rey del mundo y entra a casas ajenas sin preguntar! —Se escuchó que pronunciaba la voz de la ocupante de la casa, aparentemente al otro lado de la puerta—. ¡Déjame en paz o la volveré a usar y no dudaré en hacerte daño!

Chocó entonces el sartén contra la puerta, creando de nuevo ese sonido, que hizo que Jack se sobresaltara asustado, y retrocediera un par de pasos con tal de hacer distancia entre él y la puerta. Se quedó quieto unos instantes, pero en cuanto pudo reaccionar colocó su mano derecha contra la puerta de madera, y la presionó con fuerza contra ésta; sin embargo, como era de esperarse, nada pasó.

Soltó un quejido de molestia y entonces se volteó hacia el cielo, intentando divisar la luz de la luna entre todas esas nubes.

—¿De qué sirve ser… lo que sea que yo sea, si no puedo atravesar paredes? —soltó de golpe al aire a tono de queja. Rapunzel, desde adentro de la cabaña y con su oído cerca de la puerta, desconoció si esa frase iba hacia ella o no.

Jack respiró hondo un par de veces, intentando tranquilizarse. Seguía con su mano apoyada contra la puerta, y veía ésta con mucho detenimiento. Si quería lograr algo, tendría que atacarlo desde un diferente ángulo… pero aún no tenía ni idea de cuál tendría que ser ese.

—Oye, escúchame, yo… —balbuceó inseguro, y luego guardó silencio al no saber cómo continuar.

Lentamente retiró su mano de la puerta, y se volteó hasta que le dio la espalda a ésta y pudo recargarse contra la superficie de madera. Alzó de nuevo su mirada al cielo, de nuevo buscando a la luna; si no podía verla, al menos deseaba escucharla… pero no obtuvo ninguna de las dos cosas.

—Lo siento, ¿de acuerdo? —Murmuró de pronto, notándosele algo inseguro de incluso cómo pronunciar dichas palabras—. No quería molestarte u ofenderte. Es sólo que… no estoy acostumbrado a que la gente me vea, o me escuche, o me hable… No sé cómo reaccionar a una situación así; normalmente si digo algo hiriente, nadie me escucha y nadie se enoja, así que nunca tengo que disculparme. Lamento si acaso te estoy perturbando en tu cumpleaños, ¡pero enserio necesito hablar contigo! Quizás tú puedas ayudarme.

El interior de la cabaña estaba en silencio, por lo que Jack no estaba siquiera seguro de que lo hubiera escuchado; posiblemente ya ni estaba cerca de la puerta, pensó.

Pero sí lo estaba, y sí había escuchado todo.



Del otro lado, Rapunzel tenía también su espalda contra la puerta, mientras tenía ambas manos aferradas al mango de su sartén. Sólo hasta que oyó esas últimas palabras, había caído realmente en cuenta de algo. Ese extraño chico había mencionado varias veces que le sorprendía ser visto y escuchado por alguien. Ella no le dio importancia a ello, y no le creía. Pero la señora de hace un rato no lo había visto, a pesar de que había ido saltando justo después de ello.

¿Era cierto? ¿Realmente la gente no podía verlo? No había caído en cuenta de lo que eso podría llegar a significar para alguien. ¿Y si ella no fuera vista por ninguna persona? Estuvo toda su vida atrapada en una torre donde nadie podía verla, y ella no podía ver a nadie, más allá de su madre y Pascal. Pero… eso sonaba aún más solitario. ¿Estar rodeada de personas que no te escuchen por más que les grites? ¿Qué no te hablen?, ¿no te volteen a ver?, ¿Que ni siquiera te den los buenos días o te pregunten cómo estás si te caes?

Rapunzel aún estaba acostumbrándose a lo que significaba estar rodeada y convivir con decenas de personas al mismo tiempo. Sin embargo, una vez que conoció la calidez y el cariño que una persona podía darte… especialmente, “esa persona especial”… la idea de vivir sin nadie, totalmente sola…

Aunque, así sería mejor para ella, ¿no? Sin nadie a quien molestara con su extraña forma de ser, sin nadie que tuviera que salir lastimado por su culpa… sin nadie que la abandonara.

Bajó su cabeza y soltó un pequeño suspiro. Volteó a ver a Pascal por unos momentos  a sus pies en busca de algún consejo, pero éste sólo se encogió de hombros. Volvió a suspirar una vez más, y entonces se giró con cautela hacia la puerta, mirándola como si lo estuviera mirando a él de frente.

—Digamos que de cierta forma te creo —murmuró con firmeza—. ¿Cómo podría ayudarte entonces? ¿Qué puedo hacer yo por ti?

—Eso… es lo que quiero saber… —expresó el chico de cabellos color nieve, e inmediatamente se giró también hacia la puerta; igualmente, mirándola como si la viera fijamente a ella— Eres la primera persona que logra verme en todo este tiempo. ¿Por qué? ¿Quién eres? ¿Sabes  acaso qué fue lo que me pasó? —Hizo una pequeña pausa reflexiva—. ¿Sabes… qué soy…?

  Rapunzel enmudeció de nuevo. Sus dedos se apretaron aún más al mango de su sartén hasta ponerse blancos.

—Lo siento, simplemente soy… —se pasó en ese momentos una de sus manos por su cabello corto—. No soy nadie… Sólo una chica común y corriente que quiere pasar un cumpleaños tranquilo sin tener que pensar en todo lo que perdió un año atrás…

—No puedes ser una persona común —recalcó el chico de afuera—. Nadie jamás me había visto, ¿por qué tú sí? Debe de haber algo especial en ti.

“Especial”… Esa palabra fue como una puñalada en su pecho. Sintió un nudo en la garganta; había más palabras que querían salir, pero ella intentaba detenerlas. Sin embargo, al final, terminaron por salir casi por sí solas.

—Hubo un tiempo atrás en el que no era tan común y corriente. Podía hacer cosas asombrosas, y por ello hubo gente que me buscó… y que sufrió.

—¿Que podías hacer cosas asombrosas? —cuestionó sorprendido—. ¿Qué cosas?

—¡Eso no importa! —Espetó Rapunzel con fuerza—. Eso quedó en el pasado ya. Así que, lo lamento, pero no sé qué es lo que te pasó, ni quién eres. Si pudiera ayudarte lo haría, pero no. Así que por favor, vete.

—No, espera —insistió—. Pero tú hiciste lo de hace unos momentos, ¿no?

Alzó en ese momento su bastón al cielo, señalando con él hacia las nubes, aunque ella igual no lo podía ver.

—El cielo se despejó por unos segundos. Tú lo hiciste, ¿o no? Pude ver el brillo que emanaba de aquí, y un calor agradable. ¿Fuiste tú? ¿Cómo lo hiciste?

Rapunzel cerró sus ojos con fuerza, y negaba repetidamente con su cabeza, aunque él igual no la podía ver.

“No puedes ser una persona común. Nadie jamás me había visto, ¿por qué tú sí? Debe de haber algo especial en ti”

¿Especial? Sí, claro que era especial. ¿Y eso de qué le sirvió? ¿De qué le sirvió ser tan “especial”? Nada… lo único que hizo, desde el mero día de su nacimiento, fue traerle desgracias, puras desgracias.

Ella no quería seguir hablando de eso; no quería revivirlo.

Se veía a sí misma, en aquel sitio.

“Flor que da fulgor… con tu brillo fiel…”

Eugene perdiendo la última de sus fuerzas, y ella cantando aquella canción que no funcionó cuando más lo necesitó…

—¡¡Basta!! —exclamó de repente con mucha fuerza, asustando incluso a Pascal; igualmente Jack se sobresaltó sorprendido. Rapunzel se había agitado tanto que las lágrimas comenzaron a recorrer de nuevo sus mejillas— ¡Yo no lo hice! ¡No soy especial! ¡Y no puedo ayudarte! Todas las personas que llegan a acercarse a mí terminan mal, así que te ruego te vayas de una vez… por favor…

—No te entiendo —respondió el albino, confundido—. No sé a qué te refieres con eso, pero debes escucharme.

—¡No!, ¡no quiero!; ¡¿qué tengo que hacer para que me dejes en paz?! —gritó con aún más fuerza—. ¡Sólo vete!, ¡vete!

—¡Escúchame! —Soltó el chico con gran fuerza, e hizo chocar su mano contra la puerta—. ¡Este invierno no es algo normal! Si tú pudiste disipar lo que está causando esto, aunque fuera por unos segundos, entonces quizás tú puedas…

De pronto, se escuchó desde el cielo, justo sobre sus cabezas, un fuerte gruñido que resonó como un trueno. Tanto Jack como Rapunzel lo escucharon con claridad, y se quedaron petrificados en sus lugares.

—¿Qué fue eso? —cuestionó la castaña, nerviosa—. ¿Un lobo? ¿Un oso? ¿Un animal salvaje? ¿Rufianes?

—No —soltó Jack de manera sepulcral, y justo después el rugido volvió a oírse, aunque con mucha más fuerza—. ¡Rayos!, ¡Abre la puerta! ¡Déjame entrar!

Rapunzel no lo dudó mucho; ciertamente no podía dejarlo allá afuera a su suerte, por más molesto que fuera. Rápidamente abrió la puerta, lo tomó de sus ropas, y lo metió de un fuerte jalón hacia adentro de la cabaña, antes de que éste pudiera reaccionar. Una vez dentro, cerró de nuevo la puerta detrás de ellos.

—¡¿Qué fue eso?! —volvió a preguntar, pero ahora notoriamente más alarmada.

Jack chisteó con sus labios, y le indicó con su dedo que guardara silencio.

—¡Agáchense! —indicó, y rápidamente se sentó en el suelo, con su espalda contra la pared. Rapunzel se agachó junto a él, agarrando a Pascal con una mano mientras que con la otra sostenía la sartén con fuerza.

Jack pagó su oído contra la puerta para poder escuchar. Al inicio todo era silencio, pero eso no duró mucho. Se escuchó de pronto un golpe fuerte, seguido de algunos jadeos, similares a los de un animal salvaje. Luego algunos pasos pesados que se movían por el frente de la cabaña de un lado  otro. Fuera lo que fuera, su sombra se asomaba un poco por debajo de la puerta y ambos podían verla.

Rapunzel comenzó a sudar frío, totalmente petrificada al escuchar todos esos extraños sonidos detrás de la puerta. Sin fijarse, de los nervios apretó de más a Pascal entre sus dedos.

Se quedaron quietos y en silencio un largo rato, hasta que poco a poco los ruidos del exterior se fueron apagando, y todo quedó de nuevo en silencio. Sólo hasta entonces los tres, incluido Pascal, lograron respirar aliviados.

—¿J—J—Jack…? —Tartamudeó Rapunzel, volteando a verlo, impresionada—. ¿Qué fue… eso…?

Jack se quedó serio, y entonces comenzó a gatear cauteloso hacia la sala sin alzarse mucho.

—Creo que era lo que estaba siguiendo hace unos momentos —le respondió despacio—. Pero creo que ya se fue.

Se aproximó a las ventanas y las abrió apenas un poco para poder asomarse hacia afuera y verificar que todo era seguro. Sin embargo, con lo que se encontró al otro lado de las ventanas de madera, fue con la enorme cabeza de un ave, casi del tamaño de la cabaña, con un largo pico de hielo, y ojos totalmente negros que lo miraban fijamente.

Por mero reflejo cerró las ventas de golpe con fuerza.

—No, ahí sigue… —masculló entre dientes.

Antes de que Rapunzel pudiera preguntarle de qué hablaba, se escucharon de nuevo los fuertes gruñidos de la criatura, y acto seguro su largo pico atravesó las ventanas de madera, arrancándolas de las bisagras, y entrando en la cabaña lo más que dicha abertura le permitía.

Rapunzel soltó un grito de horror al ver el enorme pico entrar de esa forma en su casa. Aire frío salía de su pico, cubriendo de escarcha el suelo y las paredes.

—¡¿Un ave gigante?! ¡¿Cómo llegó un ave gigante aquí?! ¡¿Cómo es que existe un ave gigante en primer lugar?!

—¡No eran tan grandes! —Respondió el albino, estando en el suelo e intentando esquivar los picoteos del enorme animal—. ¡Creo que crecieron un poco!

—¡¿Un poco?!

En cuanto tuvo la oportunidad, se alejó de la ventana rodando por el suelo, haciendo suficiente distancia entre ésta y él.

—¡Aléjate de la ventana! —Le gritó con autoridad, y sin esperar comenzó a agitar su bastón sobre su cabeza. Una ráfaga de viento frío comenzó a surcar a su alrededor, acumulándose justo sobre él.

Rapunzel miraba todo esto sorprendida. ¿Eso era algún tipo… de magia?

Luego de unos segundos, Jack dejó caer su bastón con fuerza al frente, hasta que éste chocó contra el suelo. Al hacer ese movimiento, un fuerte golpe de viento empujó al ave hacia atrás, con tal fuerza que lo alejó de la cabaña y lo hizo chocar los árboles que se encontraban al frente.

—¡Rápido!, ¡vámonos! —Indicó Jack en cuanto el terreno estuvo libre, saliendo por la ventana de un salto.

—¡Espera!, ¡¿cómo hiciste eso?! —Cuestionó impresionada la castaña—. ¡J—Jack! ¡Espera!

Corrió entonces hacia la ventana, asomándose por ésta. El ave blanca como nieve, empezaba a reponerse, aunque se le notaba aún aturdida.

—¡¿Q—qué es esa cosa?!

—¡Es un monstruo del frío! —Recalcó el chico, mirándola sobre su hombro—. ¡Es una criatura creada por la Reina de las Nieves!

—¿Reina de las Nieves? —Murmuró Rapunzel, confundida. Como pudo, salió por la ventana, plantando sus botas en la nieve, aunque tuvo que abrazarse con fuerza pues ni tiempo le había dado de ponerse su abrigo—. ¿Quién es La Reina de las Nieves? ¡¿Y por qué nos ataca?!

—No me están atacando a mí. He estado siguiéndolos toda la tarde, y no me han hecho el menor caso. ¡Deben estarte buscando a ti!

La señaló con su bastón, directo a su rostro.

—¡¿A mí?! ¿¡Por qué razón deberían de buscarme a mí?! No lo entiendo, ¡mi cabello está corto ya y no sirve para nada! —Se jaló en ese momento su cabello castaño, casi al punto de la desesperación y el miedo.

—¿Tú cabello? —Espetó Jack, confuso—. ¡¿Qué tiene que ver tu cabello con esto?! No importa. Esas aves estuvieron rondando el pueblo todo el día, y creo que buscaban algo, o quizás a alguien…

Jack notó de reojo que el Ave ya se encontraba de nuevo de pie.

—No hay tiempo, ¡vamos!



Sin darle tiempo a digerirlo por completo, la tomó de pronto, cargándola en sus brazos, y haciendo que la joven soltara un pequeño gritito de sorpresa; aún así, por mero reflejo se aferró a él con ambos brazos alrededor de su cuello. Aunque al inicio iba apurado, Jack se detuvo unos instantes, aparentemente sorprendido. Al tenerla en sus brazos, comenzó a sentir… el calor de su cuerpo.

¿Calor? ¿Cómo podía él sentir calor? ¿Cómo sabía incluso cómo se sentía el calor si no recordaba nunca haberlo sentido? Creía que no era capaz de sentir ni frío, ni calor alguno. Pero en ese momento lo hizo… ¿Pero cómo?

Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de pensarlo, pues el ave ya estaba reincorporada y se les lanzó encima. Jack entonces se elevó de un largo salto con todo y Rapunzel en su sus brazos, pasando sobre su cabaña, y luego dirigiéndose hacia el pueblo.

—¡No puede ser! ¡Estoy volando! —Gritó Rapunzel con fuerza mientras veía cómo sus pies se elevaban en el aire junto con ella. Pascal se había metido a su ropa para no caerse, pero también estaba gritando, aunque a modo camaleón—. ¡Esto es increíble! —Rio eufórica, antes de empezar a gritar aterrorizada— ¡Esto es nefasto!

Señaló entonces hacia atrás. En el suelo, el ave gigante emprende de nuevo el vuelo con fuerza, agitando sus alas con violencia para comenzar a perseguirlos con velocidad.

—¡Maldición! —Soltó el albino con molestia, y en ese momento comenzó a descender de nuevo, aunque el ave venía detrás de ellos, dirigiéndose a gran velocidad en su dirección.

Jack toca con su pie el tejado de una casa, y justo un instante después se vuelve a elevar con otra corriente de viento. Mientras Rapunzel gritaba de miedo, el ave se estrelló contra el mismo techo con toda la fuerza que llevaba, desintegrándose en nieve. El golpe hizo que el techo temblara, y sus habitantes lo sintieran, aunque desconocían qué podría haberlo provocado.

Rapunzel mira asombrada como el animal se desintegra en nieve. ¿Era un ave gigante hecha de nieve? ¿Qué clase de locura era esa? Ni siquiera logró meditar mucho en ello, cuando de pronto vio como toda la nieve volvía a juntarse, a tomar de nuevo la forma del ave, y a volver a elevarse detrás de ellos como antes.

—¡Ahí viene de nuevo, Jack! —Exclamó Rapunzel, impresionada, emocionada, y asustada; todo al mismo tiempo, y con intensidad.

—Oh, genial —masculló Jack, sarcástico—. ¿Segura que no puedes hacer lo que sea que hayas hecho hace unos momentos? Eso los desintegró por unos instantes.

—¡Ya te dije que no puedo hacerlo! De poder… De tener ese poder, ¡claro que lo usaría!

—No sé por qué no te creo.

Jack sigue elevándose en el viento, hasta llegar a la torre de la Iglesia, justo en el centro del pueblo. De pie en la punta, miraba como el ave se dirigía de nuevo hacia ellos con toda velocidad.

—Bien, si así son las cosas…

De pronto, toma a Rapunzel, y de una forma para nada delicada, la lanza hacia el interior del campanario.

—¡Espera!, ¡¿Qué?! ¡¡Aaaaaaaaah!! —Lanzó un pequeño grito al ser lanzada de esa forma, cayendo el suelo y rodando hasta golpearse la espalda contra el barandal. Pascal se escapó de sus ropas entre el ajetreo, y cayó al suelo rebotando y también pegándose contra la pared—. ¡Pascal!, ¡Pascal! —Lo tomó rápidamente con una mano—. Lo siento, ¿estás bien? —Lo examinó con detenimiento para asegurarse de que no tuviera ninguna herida.

—¡Quédate ahí! —Escuchó como Jack le indicaba, un instante antes de saltar directo hacia el ave gigante.

Jack jaló su bastón hacia atrás y luego hacia adelante, golpeando al ave justo en la cabeza. El ave perdió el equilibrio y giró sobre sí misma, pero en dicho movimiento llegó a golpear al joven con su ala, lanzándolo con violencia hacia abajo. El albino se desplomó con fuerza contra el suelo nevado, estrellándose contra éste y ahí quedando inmovil. El Ave, por su parte, descendió un poco tras el golpe, pero casi de inmediato se vuelve a elevar hacia la torre.

Rapunzel intentaba reponerse del golpe, justo cuando escuchó el sonido de las alas del enorme animal acercándose a ella rápidamente. Dudosa, rápidamente se guardó a Pascal en sus ropas, y comenzó a buscar alguna salida. Había una pequeña puertilla en el suelo, pero al intentar abrirla ésta se encontraba bajo llave desde el interior.

—¡Vamos!, ¡vamos!

Por más que jaló no pudo abrirla, o al menos no antes de que el ave se pegara contra la torre, e intentara meter su pico en la reducida área de la campana. Rapunzel se arrinconó en el lado contrario logrando escapar de su alcance debido a su gran tamaño. Sin embargo, su aliento helado igualmente era suficiente para crear hielo en el suelo y la campana; no tardaría mucho en congelarla con él si no hacía algo. Además, podía sentir como la torre se agitaba por sus movimientos. Tal vez podría destruir la torre con tal de alcanzarla.

¿Realmente iba por ella? Pero, ¿por qué? Se suponía que ya vivía una vida normal, se suponía que ya podía estar en paz. ¿Qué era esa cosa? ¿Qué era lo que quería con ella? Rapunzel estaba totalmente desconcertada, y definitivamente no era el mejor momento para estarlo.

De un lado sólo tenía el vacío, y del otro la enorme ave asesina. Si tuviera su cabello, quizás podría haberlo usado para engancharse a algo y bajar, pero no era así. ¿Qué debía hacer ahora?

De pronto, escuchó la campana sonar debido a los movimientos del ave. Cuando esto ocurre, el ave se paralizó unos momentos, temblando en el aire. Rapunzel notó esto, al igual que al momento en que el sonido de la campana se disipó, el ave volvió a moverse y volver a lo suyo. ¿Había sido una coincidencia? No tenía ni idea, pero tampoco tenía muchas más opciones. Armada de valor, y con su sartén en mano, se lanzó como pudo al frente, esquivando el gélido aliento de la criatura.

Una vez colocada a un lado de la campana, comenzó a golpearla repetidamente con todas sus fuerzas usando su sartén. La campana vibró y comenzó a sonar con tanta fuerza que aturdió a la muchacha e hizo que le dolieran los oídos; aun así, ella no se detuvo en ningún momento. El ave comenzó a gruñir, y se alejó un poco de la torre, pero quedándose suspendida en el aire, con todo su cuerpo temblando al mismo ritmo que el sonido de la campana. Al parecer comenzaba a desestabilizarse, y pedazos de la nieve que lo componían empezaban a desprenderse de él.

Rapunzel siguió golpeando la campana una y otra vez, tan concentrada en ello y poniéndole tanto empeño, que no sólo no pudo ver al ave y el efecto que estaba teniendo en ella: no notó además que su cabello castaño, comenzó a  brillar de un momento a otro con una intensa luz dorada. Lo que sí pudo notar es que, a partir de ese momento, con cada golpe que daba contra la campana, el relieve sobre la superficie de ésta se iluminaba también con la misma luz, y su sonido se intensificaba.

La joven dio un último golpe con sus últimas fuerzas, y el resonar de la campana fue tan intenso que cubrió todo el pueblo. Una estela de luz se esparció en todas direcciones, cubriendo el cielo entero. Dicha estela alcanzó a la monstruosa ave, y tras recibir dicho golpe comenzó a descender con rapidez al suelo. Sin embargo, conforme iba cayendo, su cuerpo empezó a desintegrarse hasta convertirse gradualmente sólo en nieve, que se precipitó a tierra firme y terminó por mezclarse con toda la demás que yacía ahí.

Jack acababa de reaccionar luego de su fea caída, justo para ver la estela de luz alumbrar el cielo, y eventualmente la caída del monstruo que con tanto ahínco los persiguió.

Anonadado, se acercó con sigilo al montículo de nieve recíen caída, y la picó temeroso con su bastón; no hubo reacción alguna, como se esperaría de nieve simple y común. Volteó a ver entonces hacia la torre. El sonido de la campana ya se había apagado, y todo estaba quieto y en silencio. De un largo saltó se elevó, ayudado por el viento, hasta dirigirse al campanario.

Rapunzel se encontraba ahí arriba, de rodillas en el piso del campanario, respirando con mucha agitación, tanta que se tuvo que agarrar del borde del barandal para intentar calmarse. Había soltado la sartén, y con la mano libre se agarraba su cabello; éste volvía a ser castaño poco a poco.

—¿Otra vez…? —Se cuestionó a sí misma—. No entiendo…

—¡Hey! —Escuchó que pronunciaba de golpe la voz del chico, justo después de quedar de pie en el barandal, delante de ella. Ella lo volteó a ver, débil—.  De nuevo lo hiciste, ¿verdad? ¡No puedes negarlo ahora!

Rapunzel no pronunció palabra alguna. Sólo alzó la mirada, mientras su respiración se iba calmando poco a poco. Sin embargo, justo cuando ésta logró normalizarse, cayó hacia un lado, completamente desmayada.

—¡Oye! —Jack se le aproximó con apuro y la sujetó con los brazos, alzándola un poco—. ¿Te encuentras bien? ¿Me escuchas?

No hubo respuesta. Sus ojos estaban cerrados, y su rostro plácido y tranquilo. Colocó una mano en su mejilla, intentando hacerla reaccionar con pequeñas palmadas; de nuevo, volvió a sentir ese calor brotar de su piel rosada, y una vez más se sintió perplejo por tal sensación, casi desconocida para él. Rapunzel siguió sin reaccionar, y era casi seguro de que no lo haría pronto.

—¿Oyeron eso? —Comenzó a escuchar que alguien pronunciaba desde el suelo—. ¿Quién hizo sonar la campana?

—¿Hay alguien en el campanario? —Añadió una segunda voz.

Jack se aproximó al barandal y echó un vistazo hacia abajo. La gente comenzaba a salir de sus casas y reunirse frente a la iglesia. Al parecer el escándalo que Rapunzel había causado, no pasó desapercibido.

—Será mejor que nos vayamos, amigo iguana —comentó Jack con ironía, a lo que Pascal respondió con un sonidito de molestia, especialmente cuando él toma a Rapunzel en sus brazos para cargarla. Sin embargo termina por treparse a Jack, y esconderse en su capa, no sin antes hacerle con su cola una seña de que lo estaba vigilando.

Jack se dispuso a irse, pero antes de hacerlo, echó un vistazo rápido a la campana. ¿Fue el sonido de ésta la que repelió al monstruo? ¿O fue algún tipo de magia en el interior de la chica en sus brazos? O, ¿quizás fueron ambas? No podía saberlo con certeza. Sin embargo, algo que le llamó la atención, fue el curioso relieve sobre la superficie del acero poroso: un relieve de soles, uno detrás del otro.

A lo largo de sus viajes, había aprendido que eso que muchos llamaban “escuchar conversaciones ajenas”, le era útil para conocer el sitio en el que se encontraba. En toda esa zona, había escuchado que, al parecer, le tenían una gran devoción al Sol; eso debía de ser difícil en esos momentos, sufriendo un invierno tan largo que mantenía los días mayormente nublados y fríos. ¿Habrá sido una coincidencia? ¿O eso significaba más de lo que veía?



—¡¿Quién ha tocado la campana?! —Escuchó que pronunciaba con fuerza una voz, mucho más cercana. Alguien, o más bien varias personas, estaban subiendo por las escaleras hasta el campanario, y no sonaban contentos—. ¡Baje inmediatamente! ¡Es una orden!

—¡Esa es nuestra señal de partida! —Exclamó alarmado, y sin más se lanzó al aire, elevándose con el viento, y perdiéndose en las sombras de noche; de esta forma, además, nadie vería a Rapunzel flotando en el aire, totalmente sola.

— — — —

La noche pasó, y el día llegó. La mañana sorprendió a Rapunzel quien cómodamente estaba acostada en su cama, en su habitación, en su cabaña. Se encontraba recostada sobre su costado izquierdo, envuelta en sus tendidos debido al frío. Un rayo de sol se filtró entre las cortinas de la ventana de su cuarto, y paró a darle en la cara. Eso fue suficiente para menguar su sueño.

La castaña frunció el ceño. Se volteó al costado contrario, y entonces empezó a abrir sus ojos poco a poco. Lo primero que logró ver con claridad, fue a Pascal, descansando a su lado en la suave superficie de la almohada. El verlo ahí a su lado, le llenó de una profunda tranquilidad.

—Buenos días Pascal… —susurró adormilada, y alzó luego un dedo hacia él para acariciarle la cabecita. El pequeño camaleón se estiró, bostezó silenciosamente, y medio abrió sus ojos para mirarla y luego sonreírle—. Tuve un sueño muy loco anoche. No me creerías si te lo contara, pero… había un chico, de cabello blanco, y unos hermosos ojos azules. —Una sonrisa adormilada se dibujó en sus labios—. Eran tan profundos, que cuando los miraba sentía que me hundía en ellos, y no podía parar de pensar que me transmitía un sentimiento de soledad. Espero que se haya sentido mejor al saber que al menos yo podía verlo.

—Más confundido que “mejor”, diría yo —escuchó de pronto una voz masculina pronunciar a sus espaldas—. Y por eso aún tenemos cosas de qué hablar.

Aún sumergida en el letargo del sueño, Rapunzel se giró lentamente hasta poder ver la silla colocada contra la pared, a unos par de metros de la cama, y sobre la que se encontraba ese chico de cabellera blanca, parado de cuclillas sobre ella, y con su largo bastón de madera reposando sobre sus piernas. Y, lo más importante, sus hermosos ojos azules y solitarios, mirándola fijamente con intensidad.

No hubo reacción inmediata de su parte, pero la primera que logró exteriorizar con éxito fue…

—¡¡AAAAAAAAH!! —Gritó casi a todo pulmón, y de inmediato se sentó en la cama, y tomó su almohada, arrojándosela como un proyectil.

—¡Oye!, ¡cuidado! —Espeto Jack alarmado, haciéndose a un lado para esquivar la almohada, que chocó contra la pared—. ¡¿Qué pasa ahora?!

De un salto, el albino se elevó un poco en el aire, cayendo al frente de la cama con delicadeza. Rapuzel lo siguió con la mirada perpleja, con sus manos aferradas a sus cobijas.

—¡No puede ser!, ¡no puede ser! —Repitió con insistencia la castaña.

—Ya te ves mejor; anoche te veías bastante débil. ¿Recuerdas qué pasó?

¿Recordar? ¿Qué cosa? ¿Su sueño?

Se agarró su cabeza con ambas manos, aunque era incapaz de quitarle sus ojos de encima a ese extraño chico.

—¡¿Lo que pasó ayer… fue real?! —Balbuceó confundida—. ¡¿Esa ave gigante atacándonos… f—fue real?! ¡¿Tú fuiste real?!¡¿M—mi cabello brilló otra vez…?

—Por supuesto que fue real —le respondió el chico con dureza—. Excepto lo de tu cabello, o… no sé qué tenga que ver con esto, o por qué sigues hablando de él.

Jack la miró con sospecha, y ella agachó su mirada. Respiraba agitada, dificultándole digerir todo eso junto.

—¡Rapunzel! —Escuchó la voz de una mujer gritando frente a la casa—. Rapunzel, ¿estás ahí? ¿Qué le pasó a tu ventana?

—¿No se habrán metido a robar o algo así? —Añadió una segunda voz.

Rapunzel se sobresaltó asustada. Reconoció las voces; eran dos de las enfermeras que trabajaban con ella en la clínica.

—¡Ay no! ¡¿Cómo explico eso?! —Intentó levantarse con rapidez de la cama, pero sus pies se enredaron en la sábana y cayó hacia un lado de ésta. Jack cerró sus ojos por reflejo al escuchar el golpe contra el piso.

—Tranquila; sólo di que no sabes, que de seguro un viento fuerte las tumbó o algo así. —Dio otro salto, pasando de nuevo sobre la cama, y ahora se paró a su lado de cuclillas—. ¿Te ayudo?

Le extendió su mano para ayudarla a levantarse, mientras ella se retorcía en el suelo para sobarse su rostro con ambas manos.

—No creo que eso responda cómo se desprendieron de la pared de esa forma…

Intentó levantarse, pero en ese momento miró de reojo la mano que el joven le extendió con amabilidad. Pensó por un momento tomarla, pero la duda la carcomía. Por un momento le pareció ver la sombra de alguien más en su lugar; a Eugene brindándole su ayuda…

Sin decir nada, optó por mejor apoyarse con sus manos en el suelo para sentarse y luego ponerse de pie; ese acto tan deliberado extrañó un poco al joven albino.

—¿Tú porqué sigues aquí? —Murmuró con seriedad.

—¿Cómo que porqué sigo aquí? Necesito hablar contigo, ya lo dije. Pero primero atiende a tus amigas. —Señaló entonces con su bastón a la puerta que llevaba a la sala.

El rostro de la chica se mostraba bastante miserable, acompañado de un gran suspiro que ella soltó después de unos momentos. Pegó un par de saltos para deshacerse de las sábanas aún entre sus piernas, y se abrazó a sí misma para darse un poco de calor mientras caminaba hacia la sala.

Mientras Jack la siguió con su mirada, bastante pensativo, Pascal, imitó el suspiro de la castaña, ya que comprendía lo que la atormentaba.

Las dos enfermeras se encontraban paradas justo frente a la ventana abierta, por la cual el ave gigante había introducido su largo pico. El interior de la sala además, tenía nieve y escarcha en su suelo y paredes, la mayoría debido a que las ventanas habían estado abiertas toda la noche. Pero había algo más sorprendente: Luz del sol. Pero no la luz habitual que se había visto durante esos días, sino una algo más brillante, casi como un día normal de primavera, aunque el clima frío no iba a la par de esto.

—¡Rapunzel!, ¿estás bien? —Exclamó una de las enfermeras al verla acercarse a la ventana.— Oh, ¿te acabas de levantar?

—¡SÍ!, me acabo de levantar hace poco —respondió con una cándida sonrisa, cómo sólo ella podía—. ¿Creerán que con el viento un árbol cayó en mi ventana? Por suerte me ayudaron a quitarlo pero… —Señaló entonces al gran agujero en su pared—. Bueno, la casa tiene más ventilación, al menos.

—Oh, vaya, qué mala suerte —exclamó una de las chicas—. No te preocupes, sólo es una ventana; ya se podrá reparar.

—La noche fue toda una locura. El cielo se despejó de repente y pudimos ver las luces por unos instantes. ¿Las viste?

Rapunzel palideció un poco ante la repentina mención, pero intentó seguir sonriendo y mantenerse tranquila.

—Oh sí, ¡fue grandioso! —Secundó la otra chica—. Los niños dicen que la Princesa Perdida nos dio un milagro, y que debe ser una señal de que todo mejorará. Sólo fue por unos segundos; quizás no fue nada, aunque…

Ambas chicas alzaron su mirada hacia el cielo al mismo tiempo.

—El día de hoy amaneció un poco mejor.

Rapunzel se sorprendió un poco al escuchar tales palabras. Lentamente se acercó por completo a la ventana, y miró también el cielo. Éste seguía nublado… pero no tanto como ayer, o como hace una semana. Y de hecho, el clima estaba también un poco mejor.

¿Acaso ella…?

—Quién sabe cuánto durará, así que deberíamos de aprovechar. ¿Qué opinas de todo esto, Rapunzel?

La joven llevó una mano a su cabello acariciándolo ausentemente.

—La verdad yo estuve tan ocupada cocinando que no me acordé de ver las luces —respondió encogiéndose de hombros—. Es una lástima, debió haber sido un espectáculo muy bonito. Y sí, es un día más agradable… Pero igual creo que el frío que se metió por la ventana durante la noche me puso un poco mal, así que no iré a la clínica hoy.

—¿Acaso te estás resfriando, Rapunzel? Oh no, eso es terrible.

—¿No quieres que el doctor te revise? A ver…

Una de ellas intentó extender su mano hacia ella para tocar su frente, pero instintivamente la castaña se alejó un poco, lo suficiente para salir de su alcance.

—¡N—no, no! No quisiera que ustedes se enfermaran también, ni que el doctor se enfermara. ¡Necesitan la mayor energía posible!

—La excusa de fingirse enferma, un clásico —escuchó a Jack pronunciar tras aparecer descender desde el techo y pararse justo a un lado suyo.

—¡Jack! —Soltó la joven de golpe, dando un salto ante su presencia tan repentina y casi a punto de resbalarse con la escarcha en el piso.

—¿Jack? —Exclamó una de las chicas, al principio confundida, pero luego sonrió pícara—. ¿Quién es Jack, Rapunzel? ¿Acaso fue tu cita de anoche? ¿Acaso está… en tu casa ahora?

Ambas reaccionaron alarmadas y tapándose sus bocas con ambas manos.

—¡¡NO!!! —Contestó alarmada, mientras su rostro se puso totalmente rojo como tomate. Miró de reojo al chico a su lado; él estaba ahí, parado justo delante de ellas… pero no lo veían—. ¡No dije Jack! Dije… ¡Yuck!, ¡el piso está mojado por la nieve! Tendré que trapear éste lío antes de que se haga lodo!

—Yuck, inteligente —señaló Jack con sarcasmo, provocando que la chica prácticamente le lanzara dagas con los ojos.

—Oh… de acuerdo. Bueno, mejor te dejamos encargarte de lo que tengas que hacer. Nos vemos más tarde, ¿de acuerdo?

—Sí, perdón por malpensar. Es que eres soltera y… ¡Ah!, No, no, no dije nada. Mejórate pequeña, que la clínica no es lo mismo sin ti.

Ambas se despidieron con la mano y se alejaron caminando en dirección al pueblo. Rapunzel igualmente agitaba su mano en el aire a modo de despedida mientras las mujeres se alejaban, y poco a poco fue bajándola sin dejar de sonreír forzadamente.

—En verdad no pudieron verte —murmuró de repente sin voltear a verlo.

—¿Ahora sí me crees? —Murmuró en voz baja, y entonces se alejó unos pasos de ella, agitando su bastón en el aire—. Como ya te dije, eres la primera que logra hacerlo, y adivino que no tienes ni idea de por qué, ¿cierto?

—No, no entiendo realmente porqué puedo verte —respondió con pesadez, dirigiendo su mirada al joven—. O porqué los demás no te ven siquiera. Pero me alegro de hacerlo, ¿sabes? Ha de ser algo muy solitario no poder hablar con nadie. Yo comprendo esa sensación aunque sea un poco, ya que solía vivir “sola”; pero por suerte conocí a Pascal. —Miró en ese momento al camaleón subirse a la mesa.

Jack estaba dándole la espalda, con su expresión seria puesta en la pared.

—Bueno, no importa —murmuró de pronto, de forma despreocupada, y se gira de nuevo hacia ella—. Sea como sea, hay algo más importante de lo que debemos hablar. Yo sé que tú despejaste el cielo, y sé que destruiste a ese monstruo de anoche; y apostaría a que esta ligera mejora en el clima, es debido al destello de luz que creaste anoche. No sé qué es, pero aparentemente tiene algo que ver con tu cabello, ¿o no? —Rapunzel no dijo nada—. Y quizás no quieras hablar de eso; está bien, yo tampoco tengo muchos deseos de hablar de mí. Pero la criatura que te atacó ayer, vino a este pueblo buscándote. Los estuve siguiendo desde un rato, y parecieron quedarse volando justo sobre este pueblo. Y luego de que despejaste el cielo, se centraron justo en ti. Así que sólo diré que sea lo que sea que tengas o puedas hacer, al parecer es de su interés.



Rapunzel lo miró con un gesto de susto y desesperación, escuchando con atención cada una de sus palabras. Comenzó a negar con rapidez y a caminar en círculos sin dejar de abrazarse a sí misma.

—¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Cómo saben de mí? Yo no… —Se agarró su cabeza con ambas manos, preocupada—. ¡Lo que me hacía especial ya no está, Jack! O… o al menos no estaba. Dime que es el único monstruo que hay… por favor…

—No, no lo es —le respondió con profunda seriedad en su voz—. Hay muchos, muchos más; de eso puedes estar segura. Eso que está ocurriendo afuera —volteó entonces a la ventana, donde podía apreciarse una ligera nevada—, no es algo normal; debes ya de saberlo, ¿o no? No es simplemente que la primavera esté tardando en llegar: nunca llegará. Este invierno se pondrá cada vez peor, y conforme más frío se ponga, más de esas criaturas vendrán. Lo he visto… en visiones… la Luna me lo mostró.

—¿La Luna? ¿Visiones? —Rapunzel negó la cabeza varias veces—. ¡No, no! Pronto llegará la primavera Jack. ¿Tal vez… la Luna se equivocó? ¿P—porqué habrías de “hablar con la Luna” en primer lugar?

—Es… complicado… —murmuró el chico, algo dudoso—. Sé que es difícil de entender, pero no es tanto que hable. Es más como una sensación o un pensamiento.

Frente a la cabaña, cerca de los árboles, logró ver a algunos niños corriendo entre la nieve, intentando atrapar copos, y arrojándose nieve entre ellos. De seguro esos pequeños habían decidido salir a aprovechar la mejora del clima. Esa imagen, hizo que una pequeña sonrisa se dibujara en los labios el chico, pero se esfumó casi de inmediato.

—El invierno debería ser un momento en el que los niños pudieran divertirse sin importar las consecuencias; sin sufrimiento, enfermedad, y… —hizo una pequeña pausa—. Él, o ella, quiere que yo haga algo sobre esto, pero no sé aún qué pues nunca es claro con sus mensajes. Pero he escuchado a las personas hablar de un rumor. Hablan de que todo esto está siendo causado por magia. Pero no cualquier magia, sino la magia de una poderosa bruja que llaman la Reina de las Nieves.

—¿Cómo? —Exclamó Rapunzel, asombrada—.  ¿Cómo es posible que el invierno sea causado por alguien? ¿Y ese alguien fue quien mandó a ese monstruo? ¿Por qué? ¿Acaso quiere acabar con todo?

Todo era tan increíble de comprender que no podía asimilarlo por más que quisiera. Asimilar la existencia de Jack ya era de por sí difícil, ¿ahora la de la Reina de las Nieves?

—No sé que es lo que quiere —respondió el albino—, pero hasta ahora es lo único que tiene sentido. Hay rastros de magia y una extraña sensación en el aire, en las partes en donde este invierno se ha quedado. De cierta forma, es parecida a la mía —movió su mano en el aire, haciendo que éste se enfriara y se volviera neblinoso—, pero diferente. Yo no puedo ni cerca hacer algo como esto. —Cerró su puño con fuerza, y pequeñas escarchas comenzaron a caer al suelo lentamente del aire que había enfriado—. Pero anoche algo pasó. Por un instante, por unos segundos, esa magia se disipó, e incluso ahora es un poco más débil que anoche. Por eso el cielo se despejó. De alguna forma, disipaste su magia, sólo por poco tiempo, pero lo hiciste. Debe ser por eso que te está buscando.

Rapunzel tuvo que sentarse en una silla mientras lo escuchaba pronunciar todo eso. Pascal, por su lado, terminó en su hombro, y apoyó su cabecita contra su mejilla, intentando reconfortarla.

—¿Es alguien como tú? ¿Tampoco pueden verla?

—La verdad no lo sé; eso es básicamente todo lo que sé hasta ahora del asunto.

—Oh, Jack, yo… no se… —se frotó su brazo con una mano, nerviosa—. Algo tan increíble como lo de anoche, no estoy segura de poder hacerlo otra vez. Y aunque así fuera, ¿cómo puede compararse lo que yo hice a lo que ella está haciendo? ¿Traer el invierno hasta acá? ¿Hacer criaturas de nieve? Hasta el año pasado, yo sólo podía curar a las personas, no más.

—Escucha —Jack se le aproximó, y se agachó para poner su rostro a su misma altura—. Dijiste que lo que te hacía especial se había ido o algo así. Pero al parecer aún hay algo de eso en ti. Yo más que nadie en este mundo entiendo lo que es tener… algo en ti, y no tener idea de qué es o cómo usarlo. Pero escuchaste lo que tus amigas dijeron, ¿o no? ese sencillo acto, tan pequeño, quizás nada en comparación con crear un Invierno Eterno, fue capaz de traerles un momento de alegría y de esperanza a las personas. Quizás no seas la Princesa que esperan, pero lo hiciste aun así. Y de paso nos salvaste el pellejo anoche

Jack le sonrió con humor, pero ella no le regresó el sentimiento. De hecho, cerró sus ojos con dolor ante la mención de la princesa, pero no se atrevió a decir nada. Aunque  no se había detenido a pensar seriamente sobre los sentimientos que había causado en las personas de la aldea al despejar el cielo nublado y permitirles ver las luces.

Suspiró con algo de resignación.

—Está… está bien, digamos que sí hice eso. ¿Qué esperas que haga?

—Yo… la verdad no lo sé —respondió apenado—. No soy una persona que suele hacer planes, y menos si no entiendo la naturaleza exacta de con qué estoy lidiando. Sólo sé que tengo que ir hacia dónde está esa bruja y… quizás detenerla… algo, ¡no lo sé! Esa Luna no habla tanto como debería. Pero quizás me trajo ante ti por un motivo. Quizás lo de anoche significa que tú de alguna forma, quizás, puedes disipar la magia de la Reina de las Nieves. Quizás tú puedas ayudarme a detener todo esto.

—¡¿Yo?! —Soltó la castaña con horror—. Pero, Jack… ¿acaso quieres que vaya contigo hasta allá y encare a esa dichosa Reina? Y no… ¡No sé cómo, Jack! ¡No sé ni cómo hice lo que hice anoche! Antes sólo tenía que cantar, ¡pero ahora ni eso funciona! ¡No siempre al menos!

—¿Can… tar? —repitió el albino, confundido—. Ah…  bien, bien… Enserio quiero preguntar, pero tengo el presentimiento de que no me responderás. Oye, la verdad es que no tengo idea de qué pasó exactamente, pero la Luna me trajo hasta a ti por un motivo. Y quizás quiere que me ayudes, y prevenir que todos sufran mientras se quedan esperando a que el invierno de repente termine solo…

Respiró con profundidad, intentando tranquilizarse. No servía de nada alterarse, si lo que buscaba era que ella no lo hiciera.

—Bien, escucha: lo siento. La verdad no tengo idea de qué quiere la Luna; intento hacer lo mejor que puedo con lo poco que me da, pero la mayoría del tiempo no tengo ni la menor idea. —Apoyó el bastón en su hombro, y comenzó a caminar hacia la ventana—. Sería mejor que vuelvas a lo que estabas haciendo antes de que yo llegara a este sitio. Seguiré mi camino. Sólo procura hacer lo que sea que hayas hecho si otra de esas criaturas regresa. Y que te reparen esta ventana.

Rapunzel se sobresaltó al ver su intención de irse, y rápidamente se paró de la silla, alarmada.

—¿Te irás?

La joven se aferró a su propio pecho. Si Jack se iba y si esos monstruos volvían… ¿qué pasaría si no era capaz de hacerlo otra vez?; no quería pensar en esa posibilidad para nada. Aunque además de todo eso, el pensar que él volvería a andar por ahí sin que nadie lo viera, le preocupaba.

—No, espera, ¡no te vayas! ¿Qué es lo que harás tú sólo contra monstruos así?

—Pues, no lo sé… —susurró despreocupado, teniendo un pie en el marco de la ventana—. Soy bastante escurridizo, cómo pudiste ver. Estaré bien; sé cuidarme solo… es lo único que sé hacer bien…

Jack se disponía a saltar por la ventana, elevarse por el viento y alejarse de ese lugar. Sin embargo, antes de hacerlo, Rapunzel lo detuvo.

—¡Déjame pensarlo! —Le gritó con ahínco para que la escuchara—. T—tienes que entenderme Jack; te acabo de conocer, y me estás pidiendo que deje todo lo que logré construir este año para pelear… contra alguien que no sé si existe, y que está atentando contra la vida de todos;  a mí, ¡una chica normal! Pero siento que si no hago nada… algo horrible pasará, y además de todo volverás a estar solo.

Jack la miró sobre su hombro, sorprendido por ese cambio tan repentino, al cual al inicio no supo cómo reaccionar.

—De acuerdo, sí… Entiendo. No quise decirlo de esa forma, que sintieras que te estaba forzando algo —Desvió su mirada hacia el exterior—. Está bien, te dejaré sola para que lo pienses. Volveré en la noche si quieres. Pero oye, no tienes que hacer que nada que no quieras, ¿bien? —La volteó a ver sobre su hombro, sonriéndole levemente—.  No te conozco mucho todavía, pero pareces una chica que suele hacer cosas que no quiere, por hacer que otros estén mejor. Lo creas o no, yo no tengo para nada madera de héroe. Pero aquí estoy.

Un ligero rubor cubrió las mejillas de la joven castaña; había algo en la forma de hablar de aquel misterioso chico, que le traía muchos sentimientos a su pecho; sentimientos bonitos… pero también dolorosos.

—¿Volverás, verdad? —Preguntó dudosa, con su rostro agachado—. Esto no es algo que quiera dejar así como así…

—Seguro, volveré; tienes mi palabra —alzó entonces su mano a forma de juramento—. Cuídate, ¿quieres?

Antes de darle tiempo, saltó por la ventana de golpe, elevándose y desapareciendo en un parpadeo de su vista. Rapunzel se aproximó a la ventana, al tiempo suficiente para asomarse al cielo, y verlo perderse entre las copas de los árboles.

¿Realmente volvería? Esperaba que Jack Frost tuviera palabra de verdad. Pero, si no volvía… ¿sería algo tan terrible? Podría volver a su vida, la que tenía el día anterior antes de que ese chico volara sobre su cabeza. La vida que había vivido durante el último año, lejos de sus secretos y sus desgracias. Sólo tendría que fingir que jamás conoció a un chico de caballos blancos y ojos azules, que volaba con el viento, o que existía una Bruja poderosa causando un invierno eterno, que afectaba no sólo a las personas de su reino, sino del mundo entero.

Pero… ¿podría realmente hacer eso?

—¿Qué piensas de todo esto Pascal? —Preguntó curiosa al animalito verde en su hombro—. ¿Qué deberíamos de hacer? La última vez… una decisión así me cambió la vida. ¿Y ahora?

Pascal negó con la cabeza, sin saber tampoco qué hacer.

Era evidente que esa era una decisión que tendría que tomar sola. Aunque, en el fondo de su corazón, sabía que ya se encontraba tomada.

FIN DEL CAPITULO 05

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Invierno Eterno. Lo llaman Invierno Eterno, un gélido y mortal clima helado que cada día se extiende más, consumiendo reinos enteros. Se dice que la culpable de tan horrible maldición es una Bruja a la que todos llaman la Reina de las Nieves. Todo intento de llegar hasta ella y detenerla ha fracasado, y parece que el Invierno Eterno terminará sepultando a todo el mundo en hielo. Pero una princesa de nombre Mérida no está dispuesta a permitir que esto pase. Con la ayuda de Hiccup, jefe de la Isla de Berk, y sus dragones, emprenderá un viaje con el único propósito de acabar con la malvada Bruja y salvar a sus pueblos.

Al mismo tiempo, el Invierno Eterno ha comenzado a llegar al pueblo de Rapunzel, una chica sencilla y callada que esconde un gran secreto a todos. Un día conoce a Jack, un misterioso chico de cabellos blancos, que en lugar de huir del Invierno Eterno, parece querer ir hacia él. Jack también guarda un secreto, y aunque ninguno de los dos se conoce, entre ambos podrían tener la clave para detener a la Reina de las Nieves y su maldición.

+ “How to Train Your Dragon” © DreamWorks Animation.

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+ “Frozen” © Walt Disney Animation Studios.

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